John Coltrane: "Stellar Regions"

Por Sadhú

Acabo de dejar atrás todo lo que me merece la pena. Se me derrumba el suelo bajo los pies. Vértigo es la palabra. Hace una noche realmente agradable de temperatura, el verano se va despidiendo y lo agradezco ya que el calor hace de mi la persona menos soportable y social del planeta. Venía en el coche por el Madrid solitario y nocturno de Agosto escuchando "Alas" del guitarrista Guillermo Bazzola, un gran músico con el que tuve la suerte de intercambiar unas palabras y compartir lista de correo, además de ser el que me presentó a Marcelo Peralta, mi actual profesor de saxo. Ese álbum me gusta mucho.

Esta noche en la que, sinceramente, no entiendo nada he querido enfrentarme de nuevo a un trabajo que tampoco comprendo. Son las 3 de la madrugada, no tengo sueño y permaneceré en esta vigilia con la compañía de un músico al que admiro, intentando comprender una vez más que es lo que hay detrás de ese compacto póstumo que, aun atravesándome las entrañas, no consigo entender. Intentaré descubrirlo, se que seguramente no suceda, pero me basta esa compañía. Estoy hablando de "Stellar regions", el último trabajo para cuarteto de John Coltrane.

Recuerdo cuando lo compre. Esperando a que mi amiga "Cigarra" saliera de sus clases de baile flamenco me senté en la plaza de Jacinto Benavente, lo abrí con cuidado y me dediqué a intentar traducir los textos en inglés del libreto del cd. Aquel cd me temblaba en las manos. Desde su portada se me presentaba un halo de misterio, un misterio que aún me golpea las sienes cada vez que lo escucho.

En este trabajo encuentro uno de los retos más difíciles al que nos quiso enfrentar John Coltrane. Dicen que, cercana su muerte, en estas canciones quiso reflejar el sentimiento de un momento que se le hacía tan inminente, el momento de su despedida.

A eso me suena este compacto, a despedida, a ese vacío del adiós, esa última palabra, ese último beso. Es uno de los adioses más crudos y directos que he vivido. Cada músico me suena absolutamente individual. Nunca he sentido tanta individualidad en la música. Parece como si se hubieran grabado las pistas totalmente separadas en el lugar y en el tiempo y luego se hubieran juntado. Pero algo las une, de algún modo hay un nexo entre estos cuatro músicos, pero un nexo que va mas allá del ritmo, el tono, algo que a mi se me escapa y se me antoja incluso metafísico.

Coltrane comienza la mayoría de los temas con un riff, una melodía, siempre de carácter muy triste, muy nostálgico, es uno de los sonidos más dramáticos a los que me he enfrentado. Todo el combo le acompaña. Cada comienzo parece un salmo, una plegaria, una oración, y de pronto, ZAS! Todo se desbarata, parece partirse, como un cristal, en cuatro pedazos absolutamente autónomos. Coltrane repasa todas y cada una de las sonoridades de su saxofón, de arriba abajo, de izquierda a derecha, viaja con su instrumento en todas las direcciones posibles, por todas las vías.....y así cada uno de los músicos. Ali resulta frenético en su pulso, en su ritmo, parece no ir acorde, pero por alguna razón encaja. Alice mantiene su estética arpista con el piano y su acompañamiento tan complejo con la mano izquierda. Jimmy agarrándote con el contrabajo, caminando con él entre medias de los otros músicos, con fantásticos momentos utilizando el arco, como el solo del séptimo tema "Jimmy´s mode". Todos parecen ir por caminos dispersos, como inmersos en su propia realidad hasta que de repente vuelven a unirse para darle fin al tema, como cierre de la oración, se vuelve a repetir esa salve en conjunto como si se hubieran dado cuenta de que están tocando juntos, como si hubieran despertado de un sueño. Los comienzos y los finales de los temas son los únicos momentos del disco en los que parece más fácil reconocer a una banda tocando "todos a una". Incluso los momentos de silencio del saxo dan esa percepción, pero una vez que irrumpe Coltrane todo parece deshacerse a su alrededor.

Como su propio nombre indica parecen estar cada uno en una estrella, diferente, despidiéndose los unos de los otros, y quizás ese sea el nexo entre los músicos de este álbum, la despedida.

Ya se está terminando el cd y sigo sin alcanzarlo. Es un trabajo bello, melancólico, te agarra con mucha fuerza, te mantiene absolutamente vigía desde el principio hasta el final, pero siempre con una pregunta constante machacándote las neuronas "¿ qué hay detrás de todo esto, que es lo que estoy escuchando? No parece de este mundo". Sin recurrir a excesos de ruido, sin recurrir a barroquismos, he de decir que es el trabajo de free jazz más complejo, más dificultoso y más completo que he escuchado nunca. Me impresiona ver como con cuatro instrumentos acústicos, con la humildad y la sencillez de cuatro instrumentos se puede llegar a cargar un ambiente con tanto poder. En fin, quizás lo bello es precisamente eso, no entenderlo, o no pretender hacerlo, simplemente dejarte mecer por uno de los arrebatos musicales con más talento que pueden caer en tus manos.

Friedrich W. Nietszche escribió una canción titulada "La canción de la noche" terminándola con estas palabras "Es de noche: sólo a esta hora surgen las canciones de los que se aman. Y también mi alma es la canción de uno que ama". Estas palabras creo que definen a la perfección "Stellar regions" y, en general, la figura de John Coltrane. He querido inaugurar la nueva sección que me dedica Purojazz "SADHU" y en la que, sobretodo, se podrá leer sobre free y libre improvisación, con el trabajo de free, que ya cumpliendo años en mi estantería, sigue siendo un vértigo y un desafío cada vez que lo escucho.

Madrid, Agosto 2004

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