Daniel Lencina Quartet

Por Orlando Avendaño

WINE 361 HOTEL RITZ-CARLTON
El Alcalde 15.
Las Condes, Santiago, Chile

Daniel Lencina: trompeta con sordinas, vocal, Fernando Otárola : guitarra Alejandro Espinosa : batería, Felipe Chacón : bajo.

A las 9 PM. en punto abrió el segundo set, este experimentado cuarteto, en un ámbito que resulta sin duda muy solemne para los que estamos acostumbrados a oír tocar jazz.

Se trata del lujosísimo y recién inaugurado Hotel Ritz-Carlton, el Salón "Wine 361" como su nombre lo indica, es un lugar consagrado a nuestros vinos con una gran barra con lo más representativo de nuestros buenos mostos, los que pueden ser consumidos por copas.

Concebido como una gran "cave" de olorosa madera, recibe además un buen número de mesas donde además de otros varios lugares dentro del hotel, se puede cenar, creando así un ambiente aun más tenso para poder ¡"liberar" jazz por algún lado!

Estuve en un par de oportunidades anteriormente a la presencia del cuarteto allí, de tal modo que cuando me enteré que estaba Daniel y sus muchachos, fue justamente la conjunción de lo que he descrito y el hecho de incorporar jazz en un ámbito tan "estirado" el que me motivó a hacerles una visita con la intención de comentarles una arista muy diferente, especial y casi desconocida, de lo que significa para un músico de jazz desenvolverse en lugares y situaciones de esta índole.

Es sumamente difícil, sobre todo hacerlo bien, dignamente.

Mantener el lenguaje y la fuerza del jazz , en la sonoridad mínima, resulta todo un desafío del que no todos los músicos salen airosos, aun más, muchos desechan de plano estos "gigs". Daniel Lencina Quartet por supuesto no. Salen más que airosos de este "trance" por así decirlo. Sin excepción, "actitud" de músicos, eso demostraron en todo momento, y este es un tema que pretendo abordar en mi próximo comentario, aun cuando ya lo he desarrollado en mis artículos anteriores...."actitud" es inmediatamente lo que sigue al hecho de tener un instrumento en las manos, ni siquiera hablo de tocarlo todavía, sólo tenerlo , ya, fuera del estuche del forro o de la caja, ahí ya se empieza a percibir como viene la cosa.

Tocar en un Hotel de lujo.....ya suena raro, pero es justamente esto lo que me motiva a comentar lo ocurrido anoche y complementarlo, como es mi costumbre con algunas vivencias personales que con modestia no puedo dejar de compartir con mis lectores-amigos. ---------------------

El reciente y excelente libro de Álvaro Menanteau, dejó meridianamente claro el "quién es quién" en el jazz chileno, así es que para aquellos que con razón o sin ella criticaron mis escritos como "levemente auto referentes", al punto que dejé de escribir mis notas, ( no logré encontrar la fórmula de contar una experiencia vivida por mí sin ocupar la palabra "mí") ahora las retomo en el único cometido que me anima: compartir abiertamente entre jazzistas amigos, no sólo mi criterio y mi experiencia sobre la música de jazz, sino también mil situaciones vividas en los cincuenta años que cumplo este dos mil cuatro (¡sin comentarios por favor!!) entre los músicos, sus vidas, sus anécdotas, las mil y una vividas en giras, recitales, conciertos, cócteles, ferias, fiestas, hoteles, colegios, lenocinios, iglesias, funerales, festivales, inauguraciones, casas particulares estudios de grabación, radios, bares, plazas, y, por lo menos en mi caso, en rodeos a la chilena, siendo esta última experiencia, lejos la menos recomendable, para mis colegas, mucho menos como nos ocurrió a nosotros con Los Dixielanders, un 18 de Septiembre en Talagante. Estuvimos muy cerca de ser agredidos con espuelas y rebenques, además llegamos haciéndonos los chistosos y abrimos con el clásico " Cuando los Santos salen de paseo", Patricio Valenzuela, nuestro trombonista, pretendió además que la audiencia en la ramada nos hiciera "coro"....o sea esa parte que dice : .... Oh When the Saints!!!!! Coro: Oh When the Saints… por supuesto nadie contestó una palabra, sólo miradas perplejas y otras enfurecidas, en esa época no tocar cuecas era "anti-patria" ahora se toca bastante cumbia y hasta rock.

Un corralero guatón de bigotitos nos dijo que si volvíamos por allí, "nos sacaría la cresta"...no volvimos nunca más.. Igual terminamos en San Antonio entre putas y marinos, que sí hicieron coro hasta la madrugada. Oh When the Saints!!!! Coro:...Oh When the Saints, así es la cosa.

Así también en barcos, buses, aviones, trenes, automóviles y sobre todo a pie, caminando y riendo en la noche de Santiago o de cualquier lugar entre músicos, siempre entre músicos. Hay harto vivido, harto que contar. Los músicos de antes, de ahora y de después, somos y seremos los mismos ---------------------

Viernes por la noche, bastantes mesas ocupadas, la barra también con gente, todos hablando bajito.....velitas en las mesas, el Chef personalmente toma los pedidos... Todo es funeral y ceremonioso.

Qué va ha hacer el cuarteto ahora, me preguntaba.

Cuando finalmente los muchachos toman sus puestos, apenas insinuada la cuenta de Daniel, abren con" Bye Bye Black Bird", en tiempo medio , de inmediato se inunda la sala con la sonoridad perfecta, con la única sonoridad que puede encararse una situación como esta, con una agrupación que delicadamente a medido sus respectivas sonoridades y volúmenes para hacerlos uno solo, la banda sonó compacta, sólida, como un muy buen disco de "jazz de salón" ecualizado atinadamente.

Lo interesante aquí, es, que la propuesta del grupo, el compromiso con lo que mejor saben hacer, estaba absolutamente presente y es tal vez él más importante punto a destacar en esta nota. El jazz estaba siendo tratado, intacto, solo que a un volumen mínimo.

Admitámoslo, a todos los que a menudo olvidamos esto, no por el hecho de estar en un lugar más amplio y más abierto uno debe olvidar el manejo del volumen, el inmenso valor del matiz, qué herramienta tan bella y tan mal tratada. Por eso que esta experiencia para un jazzista me parece tan válida e importante. El jazz era el mismo, la fuerza la misma. El trato era delicado, nada más. No hubo concesiones.

Daniel se desplazó como de costumbre (siempre con sordinas, eso sí) con una sonoridad limpia, lleno de ideas y experiencia, "canchero" como siempre, en cada solo todo el bagaje de quien sabe perfectamente lo que está haciendo y en esta situación especialmente cuidadoso; esto no significa para nada haber tranzado ni por un minuto con el espíritu del jazz y llevarlo como suele ocurrir en situaciones como esta a algo "más comercial" para que la gente casi no repare, para no molestar a nadie.

Daniel también cantó varios temas "standards" con una voz melosa, más grave ya, pero bien modulada, con una cancha y un swing envidiables. Como siempre de excelente humor y actitud, aprovechó de saludar en inglés (medio fulero) a algunos gringos que hacían su entrada al recinto, preguntó por ahí, sin desparpajo : ¿Está bien la música eh..??....le prestó la trompeta al Chef!!! Que obviamente no atinó a nada, Daniel Lencina es así, para mi no sólo el trompetista más respetable y sólido de su generación, sino un amigo, un súper amigo canchero y de gran sentido del humor.... ¿del humor digo?... Sí del humor... ¡Qué humor!!! -----------------

En una oportunidad veníamos de grabar en TV Chile y nos encaminábamos a donde concluía nuestra atareada jornada de cada día, al " Driving Lo Curro", lugar sagrado de la noche de esos días, por Avenida Santa María, frente al Sheraton. El camino se encumbraba bastante y ya no paraba en pronunciada bajada hasta bastante pasado Pedro de Valdivia, cuando iniciamos la bajada en un auto rarísimo de su propiedad, un Chevy-Chevette , automóvil que tenia el motor atrás y fue descontinuado apenas salió, pues ese fue el que el eligió para comprar!!.....De pronto Daniel se pone a reír como un loco y exclama: ¡Cagamos!!!! ¡Cagamos!! Se cortaron los frenos!!!! Y reía y reía cada vez más fuerte. Para qué decir el auto, que avanzaba más fuerte aún. Yo iba adelante agarrado de cualquier perilla, de cualquier manilla. Atrás iban Ronnie Knoller y Toscano Vidal sin tener nada donde agarrarse!, gritando todos!!. Aterrados, mientras Daniel más risa le daba vernos así...cruzamos Pedro de Valdivia con roja, en maniobras propias de un conductor suicida, pero canchero, seguimos pegando para abajo, hasta que el autito se detuvo por inercia. Ahí se bajó Daniel a reírse en la calle mientras nosotros como verdaderos fantasmas nos bajábamos asegurándonos de que estamos con vida. Daniel más se reía y exclamó: ¡Qué auto de mierda éste!!! ¿Se asustaron los huevones, eh??.


Fernando Otárola es un guitarrista muy fino (DWR.) como dicen las revistas especializadas o sea "deserving wider recognition" (Merece más reconocimiento) se desplaza con una técnica impecable, un fraseo claro y limpio, no hace grandes despliegues. Su comping es justo, delicado y con swing.

Resulta tan agradable, especialmente en ese entorno, oír un músico tan atinado pero manejando a cabalidad su instrumento. Pasajes me hicieron evocar a Joe Pass, a Jim Hall, buen pulso, buenas ideas, excelente sentido de síntesis, pues nunca tomó más de dos coros. Para mí fue un deleite volver a encontrarme con Fernando, yo había tocado muchos años atrás con él, en los años que irrumpió el "bossa" y fue donde él tuvo un rol muy destacado. Desde aquí lo felicito y agradezco por su finura.

Alejandro Espinosa. ¿Qué se puede decir de Alejandro? , poco más ya, a estas alturas. Luciendo un "modelito de verano" o también la llamada "batería de pic-nic" esto es: hi-hat, caja y un buen plato de 22, (sin bombo, ni toms) distribuyó solamente plumillas con oficio, que le sobra, muy finamente. Alejandro puede y es un baterista capaz de tocar a cualquier volumen, incluso con Big Band, que lo hace extraordinariamente, aquí no, aquí sólo lo justo, un aliño más, un condimento preciso, nada más. Profesionalismo, le llaman también.

Felipe Chacón en el bajo, completaba con su refinado aporte la sonoridad que ya he descrito lo suficiente. Felipe es un muy buen músico, posee el sonido predilecto para mis oídos, nada obvio, no confundir...suena bajo, esto es muy importante, puede ser la calidad del instrumento, como lo pulsa....puede y no puede. Además, Felipe posee un sentido del humor que a los que nos consideramos "rupturales" nos haría temblar. En una oportunidad, se puso más que serio, cuando tocamos junto a David Pérez, Cuturrufo, Charly Silva, me tiro unas cerbatanas poco amistosas, una me pasó rozando, la otra me dio medio a medio, a lo mejor merecida...bueno así es la cosa entre los músicos...además siendo el hijo de uno de los amigos mas entrañables que he tenido, su padre, Manolo Chacón, pilar del jazz de los 50-60's poseedor de una única mezcla perfecta de lucidez y filo, en realidad nada debería extrañarme, del cuento aquel "del palo y la astilla"

Así las cosas amigos, volvemos al tema: "tocar jazz en un hotel de lujo". Toda una experiencia. Tanto para los músicos, como para aquellos que por ahí reparan que están frente a un excelente grupo de profesionales, en una inmejorable oportunidad de oír. Esto toma un poco de tiempo, brevemente les cuento que hace dos años, toqué por espacio de casi uno, con músicos excelentes en el lujoso Lodge del Hotel Marriot de Avda. Kennedy junto al cuarteto de Sergio Miquel, integrado por Giovanni Cuatrera, Cristián Sepúlveda, Sammy Domínguez y un servidor. Allí partimos también bastante tímidos y auto-imponiéndonos limitaciones, a poco andar el grupo se soltó, pero sin subir el volumen y terminamos con un 80% del público, diría yo, que llenaba todos los días el lugar con gente y amigos que iban a oír el cuarteto. También se nos unía a veces el excelente clarinetista Boris Ortiz.

Final del cuento seria: que tocar en un hotel requiere concentración, dominio total y serio del volumen, manejo del matiz y la sutileza por un lado. Por otro superar el ruido de las copas, que no le vendan copas a los músicos, la gente conversando, insólitos pedidos que llegan en servilletas como pueden ser por ejemplo: Granada, Volare, el tema de Rocky, Por una cabeza, el maldito "Pequeña Flor" (considerado jazz!!!)

Only you, Perfidia, Alma, Corazón y Vida, sin contar que nunca faltara un pelotudo que esté de cumpleaños, como si tratara de algo que ocurre rara vez ..allí, hay que "apechugar" no hay otra y eso crea una cierta tensión. También es digno de mencionar que alguna súper-mina con tres Margaritas en el cuerpo, instada por sus amigas, quiera cantar "New York, New York", más encima, generalmente es una rubia de miedo con un traje negro ajustado, taco aguja...... ¿Qué se hace ahí?......... ¿la banda debería tocar?.... ¿sí o no?:.. ¡continuará!!

Lo bueno: Daniel Lencina Quartet, le pongo un 6,5

Lo malo: Una copa de buen vino vale : $6.500!!

Agosto 2004

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