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Agustín Moya Quartet
Por Orlando Avendaño
Agustín Moya, saxo tenor.
Nicolás Vera, guitarra.
Pablo Menares, contrabajo
Félix Lecaros, batería.
Club de Jazz de Santiago. Jueves, 23 hrs.
No es fácil imaginar lo que me ocurre a mí con la nueva escena del jazz local.
vSucede que descubro, si bien es cierto muy de a poquito: "platos" deliciosos, a lo mejor para muchos ya bastante probados, no por ello menos interesantes, pero por lo menos conocidos.
Yo no.
Yo no los he probado nunca.
Imagínense amigos la delicia entonces.......
Para hacer más entretenido este relato imaginemos una analogía simplista.
Voy a un restaurante de moda y el chef....me ofrece las delicias del día:
-Mire Ud. de entrada tenemos : "Ostras apanadas con salsa oriental"...las ha probado Ud??
-NO.
-Enseguida hay "Sopa de Ostiones y Camarones al Estragon"....la ha probado Ud.??
-NO.
-De fondo tenemos "Mero al ciboulette a la mantequilla negra" lo ha degustado Ud??
-NO.
-De postre hay: "Papayas rellenas con Profiteroles de castaña o lúcuma"...le gusta ¿ lo ha disfrutado Ud??
-NO.
Bueno. Más o menos eso es lo que yo sentí cuando me enfrente al menú que ofrecía Agustín Moya Quartet, Agustín vendría siendo, las ostras apanadas....hasta llegar al postre de Papayas...que sería Félix Lecaros, que fue el que le puso la guinda a la torta.
Así de sabroso, así de delicado. Para un personaje como yo, que no había oído nunca músicos como los que tuve el privilegio de oír la noche del jueves, es bastante cercana la analogía que hago, a la realidad que me enfrente, sólo que en vez de hablar aquí, de las papilas gustativas, hablaremos de los que nos preocupa: de la música. Y de la música bien cocinada, que haga honor también a otro arte magistral como lo es el culinario.
Así las cosas.
Cocineros transparentes emergieron a eso de las 23.00 hrs. De un jueves, a un Club de Jazz, bastante concurrido. Sólo de personas interesadas por lo que allí ocurría. Resultaba evidente que no era punto de encuentro de nada, sólo personas que van ese día, esa noche, mas bien a "OÍR". --------------------------
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EL Club de Jazz de hoy.
El Club de Jazz de Santiago, que en rigor debería ser el Club de Jazz de Ñuñoa, a estas alturas ha ido adquiriendo una presencia digna que denota preocupación por crear un ambiente que le sea grato tanto a los músicos como a la audiencia, que ya cuenta con un lindo y bien surtido bar....lleno de nostalgias y buenos tragos, para mi en particular que soy el socio A-12 del año 1953..... que lejos veo la Coca-Cola con Cognac Tres Palos (sin hielo, así no más) y los sándwiches de jamón- palta, con lo que hoy muestra el Club, en general, en todo sentido.
Pedro, su actual concesionario, no me ubicaba ni en un planeta vecino, y no tiene por qué...pero bastó que mi compañero de "juerga" Iñigo Díaz le mencionara algo para que de inmediato asumiera una actitud de cariñosa deferencia y departiéramos amablemente y con nostalgia algunas anécdotas que cobijan esas paredes, y otras ya archí demolidas, pero que constituyeron el armazón en el cual el Club se sustenta hasta hoy.
La atención estupenda, la iluminación aleatoria, extraña, pero ahí!! presente por lo menos a ratos. El sonido bastante bueno, manejado con esmero....hasta donde se "puede" cuando uno está tratando con músicos de jazz.
Al Club le pongo una nota sobresaliente por su atmósfera relajada, por el evidente sentido que impera de tratar de "ser mejor", dentro de una familiar informalidad.
Como si esto fuera poco....cómo me podría imaginar yo que una noche tan "cualquiera para mí", que apenas salgo para los temblores, iba a rescatar en dos minutos fragmentos de la "historia", de la historia real y magnífica, como por ejemplo sentarme a conversar con José Hossiason, "Pepe-Pope" para los amigos, mi primer "líder" de la primera banda con que toqué, a los trece años: "Los Mapocho Stompers", (anterior al año del cuete!) en dos palabras puso en orden mi memoria "de mierda" y me recordó que en la banda estaba Freddy Luers en trompeta, Rafael Parada en clarinete, Boris Castillo, trombón, Manolo Chacón en banjo, Domingo Santa Cruz en bajo y tuba, él en piano y quien escribe esta nota en batería, más encima tocábamos temas originales, por ejemplo, el legendario "Lamentos del Directorio" que se refiere al directorio del Club....y que hasta hoy sigue siendo un clásico de ese tipo de jazz.....nostalgias, listo!!!! -------------------------------
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La Música.
Finalmente, con una cantidad razonable de público, entre el cual siempre se distinguen grupos numerosos, que se ubican al lado izquierdo del escenario, aparecieron los músicos esperados para esa noche.
Su líder, Agustín Moya, no dice nada, no introduce nada, sólo deja que la música fluya, como él la concibe y uno ahí....perplejo frente a un joven de apariencia desdeñada, más bien de baja estatura, que abre los primeros compases con un unísono guitarra-saxo, con un blend casi perfecto, intrincado, quebrado, lleno de pausas inesperadas, acentos traicioneros, a los que la banda responde, como si nada......
Para mi mal, para mi extra-sensorial e inevitable experiencia....me distrae el volumen de la guitarra de Nicolás Vera, que en honor a la verdad se está "sirviendo" al grupo completo, en un vano intento de traspasar magia al "pedo" intento que me mire... para que capte que de buena fe, se le está pidiendo que baje. No hay razón para que me mire, ni menos capte sutiles mensajes extra-sensoriales, si ni siquiera sabe quién soy....hablé entonces con el controlador que operaba el sonido y me dijo.... "no hay caso, está saliendo directo".
Bueno será....dice uno...será.
Mejor me olvido de esto y me dedico a oír con atención. "Lo perfecto, es enemigo de lo bueno" : decía mi viejo!
Entonces entramos en materia:
Ellos abrieron con un "heavy-bop", sostenido como decía, con heads al unísono, de perfección para mí nunca vistas (oídas) en un grupo chileno, de allí van dando paso a solos que más o menos en orden sería como sigue:
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Agustín Moya......emerge.
Desde su calva y bella cabeza, emerge un saxo tenor que a poquito andar reparo con perplejidad no disimulada, que no tiene nada que ver con Coltrane.......esto suele ser para mí una verdadera acción ruptural...pues según yo, tocar tenor y no tener nada de Coltrane es como admirar a Neruda y no conocer aquello...."puedo escribir los versos más tristes esta noche"..... sin embargo...hace unos cinco años atrás, en una agradable reunión de audición que me invitaron algunos "pirulos" del jazz santiaguino, oí por primera vez un tenor que era del otro mundo, pero no tenía nada del "master".....de John... se trataba de Eric Alexander, claro, más tarde me contaron que por su edad por su predilección no lo "agarró", sin embargo le llegó Sonny Rollins...epa!!!!! epa!!!!!. Ahí hay que parar.
El análisis es otro, el remitente es otro y ahí se abre con justicia, por lo menos para mí, que tuve la oportunidad, única, generosa de ver y oír a ambos por lo menos unas diez veces cada uno en los 60-70, de reconocer un enfoque tremendamente potente, coherente, arriesgado, continuo, sin concesiones que es el que despliega Agustín.
Agustín va. ¿Qué sencillo no?, pero no es así. Agustín va.
O sea, se plantea con el instrumento con actitud desafiante y creativa, con un sonido muy bello, sólido, manejando el lenguaje con la única manera posible como se tratan estas "cosas"....yo no sé cuándo respira, esta especie de "aqua-man" y no me importa, es cosa de él y su técnica, pero jamás se denota un lugar común en su propuesta en lo que respecta a división, no llega a ninguna parte, no parte de ninguna, es sólo lenguaje, inteligente, tremendamente intrincado, creativo, inesperado y sorprendente. Agustín Moya es un saxofonista "horizontal"
Cuando le fui a saludar, a pesar de que suponía no me ubicaba ni en foto, le dije primero que nada:
-Gracias...gracias...viejo chico, maricón, me destruiste, gracias...
Me tomó tan a bien, con la sensibilidad que le es propia a un músico de este nivel, que captó que mi mezcla de insultos y cariño obedecían sólo al paroxismo de la admiración, de la gratitud, porque por alguna razón cuando uno es "auditor" y sabe lo que ha oído a veces dan ganas de insultar a quien te ha conducido a lugares elevados y bellos.
Resumiendo, Agustín Moya es un tenor confiable, profesional, creativo, "reliable", con buen oficio, buen sonido, despierto. -------------------------
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Nicolás Vera, es otro caso aparte. Si con Moya me caí a la olla, con Vera me voy de "veras". Se trata de un joven elegante, refinado de una sofisticación notable en su playing, que sólo creo se reafirmaría, porque él diría que NO. Por sana modestia, por supuesto.
Pero esta es mi opinión. No la suya.
De los guitarristas chilenos que conozco, Nicolás es uno de los más sofisticados, finos e intelectuales. Qué enfoque tan refrescante tiene este grandulón. Sale con cada cosa que la anterior no sólo pertenece al pasado, sino que dan ganas de guardar cada una de ellas como testimonio, una vez más, del manejo apropiado de cómo se toca un instrumento.
Aquí no hay concesiones, Nicolás pareciera no haber oído hablar jamás de ese tema. ¡Qué tipo tan decidido! ¡Qué tipo tan osado!
Lo regañé por su volumen y por opacar a ratos a sus compañeros, por ser poco delicado con los otros. Me dijo con simpática humildad " Buenhhhhhhh!!!!" Y, por supuesto, en el segundo set se bajó los tres "puntos" que estaban de más que nada aportaban a la maestría de cómo se maneja este súper dotado músico.
El buen gusto lo sobrepasa, le sobra, la creatividad lo colma.
Nicolás tiene mucho lenguaje, muchas ideas, además es técnicamente limpio y su intrincado lenguaje se puede leer perfectamente bien.
Conversamos cálidamente, con cariño y respeto, para que decir, cuando me confidenció que su tío Raúl Aliaga, (gran baterista y percusionista, niño mimado por mí), le había hablado de mí desde que era niño, de ahí para adelante pude indagar que su viejo tocaba en casa incansablemente a West Montgomery!!!!! Con sus octavas paralelas, una y otra vez, y el niño Nicolás oía y oía..........Qué escuelita!!!!! También conoció a Joe Pass, así a la pasada, incluso a Jim Hall......... pero se quedó con McLaughlin...quien le puso la manija a la maleta justo cuando a él le correspondía recibir la varita mágica que encausaría su camino, su influencia.
Amigos... Nicolás Vera es, dentro de los destacados de Chile, uno de los músicos más sobresalientes que me ha tocado oír. Una vez más debo decirlo, tiene manejo, tiene oficio, sabe lo que hace... No me dejó ir sin llevarme un CD. Dedicado con tanto cariño para mí : "Fiascocontemporaneo" se llama, y lo he oído y oído y lo único que logro, es reafirmar los conceptos que ya he vertido aquí. ------------------------
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Una tarde de Enero del 2002, recibí un mail de mi amigo y hermano Roberto Barahona. Me sugería que le pusiera a disposición de Félix Lecaros la estupenda batería Rogers que me encontraba usando. Yo me quedaría usando otra batería, una Gretsch antigua, ambas de Roberto.
Ya con ese apellido Lecaros estaba todo dicho. Toqué y grabé por años con su papá, su tío, su padrino, su otro tío, su tía y su madrina. Creo me faltó su abuelita, que tocaba armónica, porque no nos coincidió el tiempo....pero el resto, es como hablar de hermanos míos....... Así todo, cuando llamé a Félix para que pasara a retirar la Rogers con sus cajas de fibra y todo, me aventuré a preguntarle:.... "Porque me imagino tu me ubicai????
-No!! No, ....me dijo, no lo ubico!!!!...pero ahora salgo para allá a buscar la batería!!!! Pendejo maldito!!!...me dije, lo admito. De puro picado. Cuando yo tenía su edad tenía sólo dos sueños: uno dormir la siesta con la Marilyn Monroe, el otro tener una Rogers. Si cualquiera de las dos cosas se hubiese convertido en realidad, yo le habría besado las manos, me habría hincado en posición del tipo "Alá" para decir "I'm not worthy"..."I'm not worthy..."No soy merecedor!, No soy merecedor......
A quién hiciera realidad uno de esos sueños. Bueno esto es cuento. Picado, nada más. Viejo de mierda, me digo a mí mismo.
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Para mí esos días mi vista, y la de Roberto Barahona, estaban puestas, y aún las están, en Carlitos Cortés, batero miedoso, decidido y férreo.Igual oía opiniones varias que Félix aquí y Félix allá.
Finalmente llegó la noche propicia. Y ahí estaba el Félix famoso. Dándole buen uso a la Rogers blanca. De puro verlo tan sencillo, sin meter ruido alguno antes de tocar, sin corregir posiciones de tambores ni platillos, sino que ahí calladito esperando la cuenta. Ya me impresionó favorablemente. Generalmente los bateros que meten ruidos adelantan el sonido secreto de los tambores, tocan con los dedos las cosas, suben y bajan las regulaciones de los fierros, es porque están nerviosos o inseguros. Aquí nada.
Se lanzó la banda con un up-tempo bastante quebrado, armado sólidamente, demandando a Félix a cada compás una intervención precisa, casi no había hueco para tocar "straight", o sea parejo el típico 4/4 del jazz. Aquí había que trabajar atento, a los acentos, breaks, unísonos con la banda toda, breves y preciosos silencios.
Aquí se requería estar "despierto" y bien ensayado, saber lo que estaba pasando y aportar con intensidad precisa. Esto es, más que nada, lo que valoro en él: Jamás toco FUERTE.....lo que conocemos los músicos como fuerte al "pedo" o sea sin razón.
Félix me dejó helado, ésa había sido la batería que yo usaba.... jamás la logré afinar así, aún cuando tampoco le hice mucho empeño, pero ahora los tambores le sonaban con una afinación que "aporta" y eso es muy importante.
Lo más cercano sería Jack Dejohnette como enfoque y tratamiento de los tambores; como "driving" de los platillos, también algo de Tony, algo de Adam Nussbaum y.... más lejano ya, de Elvin. Esto sólo como ingredientes, como simples remitentes legítimos de lo que como músico uno inevitablemente "recopila" en su memoria. Llegado el momento de la acción el que toca es él, y lo hace con una muy fina percepción del tratamiento que estos días se le da a los tambores. No hay lugares comunes, no hay ritmos sostenidos o mantenidos (como para ir a la segura). Aquí todo es aporte, actitud, conocimiento y técnica. Es verdaderamente envidiable, todo esto sin el mas mínimo despliegue "aparatoso", "vistoso", ni nada más terminado en "oso" como por ejemplo : seguro, absolutamente, seguro, Félix Lecaros, no toca ni un mísero palo de mas, incluso terminado un tema, no mete ruido alguno, solamente espera con una muy linda actitud el tema que viene. Nada más.
Félix Lecaros en mi opinión es, en este momento, el mejor baterista de jazz, del jazz de hoy día.
Igual que el resto de sus compañeros, cuando nos conocimos finalmente, fue un muchacho gentil, amoroso y generoso. Me ofreció afinarme la batería. Es verdaderamente una persona y un músico completísimo.
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Pablo Menares, a quien me referí como "el Ángel de la Guarda", es prácticamente eso, esta clavado allí, con un excelente pulso, dando seguridad y protección a sus compañeros, a la banda. Sus solos fueron creativos y con buen sonido. Personalmente me habría gustado levemente más arriba de volumen, para tener una mejor lectura de su trabajo. Es muy joven pero su preparación y formación en el instrumento queda meridianamente clara. Me parecería el menos "fogueado" del grupo, lo que no significa nada más que eso.
Gran aporte al grupo.
En la música destaco que casi todos los temas, si no todos, son propios. De buena factura y muy buen gusto. Destaco especialmente "Cielo Verde" con el que abrieron el segundo set. Aparte, resulta muy refrescante el único tema del repertorio convencional, por decirlo de alguna forma, que fue la balada "Just me" donde se pudo apreciar otro enfoque de Agustín en tenor, muy bien manejado, lindas frases. No seria mala idea incorporar otros temitas de este tipo o incluso algún buen tema del repertorio folklórico o popular chileno.
Ya bien entrada la noche, después de haber gozado el trabajo del cuarteto, nos fuimos juntos con Agustín por la noche santiaguina. Le ofrecí para llevarlo a no sé dónde, ahí le dije: sabis, Momo......tú eres una especie de Chris Potter.... casi se murió...me dijo que yo era sapo, y yo le dije que el sapo era él...por que captó con su bella pelada las ondas apropiadas que le vinieron en ganas, las que su predilección le indicó y punto...yo sólo las leí: Sonny Rollins, Eric Alexander, algo de George Coleman y algo de Chris Potter...el resto es puro Agustín Moya, y a mucho orgullo.
Después de dejarlo, de vuelta a casa, entre los arreglos de Costanera y Santa María, me pegué una perdida de miedo, fui a dar a Santa María de Manquehue, allá arriba. Estuvo bueno, por que de vuelta a casa me vine despacito. Las calles vacías de noche. Rememorando tal vez algunas buenas tocatas mías, lejanas. También en alguna buena noche como ésta.
Me sacudí de una la nostalgia para reparar que había tenido una de las experiencias en el jazz chileno más reconfortantes de los últimos años, que gracias a estos cocineros, sencillos y transparentes, había probado uno de los más sabrosos banquetes en años, y de eso yo estoy muy agradecido.
Cuando aparezca por ahí: Esta noche: Agustín Moya Quartet...........por favor, no se lo pierdan.
Octubre, 2004
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Roberto Barahona, Director

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