BERLINALE 2006

Por SEBASTIÁN BARAHONA

PuroArte invita a leer un artículo realizado por Sebastián Barahona para la web Mabuse.cl: 6 películas de cine alemán, Berlinale 2006.

PuroJazz agradece a Sebastián la atención y el derecho cedido y espera que el artículo resulte tan interesante para ustedes como lo ha resultado para nosotros.

Sadhu.

SE HABLA ALEMÁN: Sechs (6) deutsche films*

Históricamente el medio cinematográfico germano ha hecho sentir su malestar por la falta absoluta de espacios y privilegios en el Festival de Cine de Berlín considerando que son dueños de casa. Pero por más que alegaban, nunca les hacían caso. Desde hace algunos años la situación cambió y hoy el cine alemán tiene más de un apartado exclusivo y más fortuna en las secciones oficiales. Sebastián Barahona es chileno, vive hace más de 10 años en Alemania donde estudió cine y trabaja como director y productor. En este artículo nos comenta sobre seis películas alemanas que estuvieron en la Berlinale (Foto: Sehnsucht de Valeska Grisebach)

En comparación con festivales como Cannes o Venecia, Berlín siempre ha tenido un carácter de festival político. Ese sello ha hecho que muchas películas alemanas, por tratar otras temáticas, no hayan sido recibidas ni en la competencia ni en otras divisiones del certamen. Directores y productores alemanes siempre se quejaban que sus películas no tenían la posibilidad de mostrarse en su propia casa, lo que además servía de excusa para justificar el por qué el cine alemán no ha logrado ser conocido por un publico más allá de sus fronteras, ya que se desaprovechaba la vitrina de un encuentro que este año, por ejemplo, tuvo más de 3.800 periodistas acreditados. Pero la queja tuvo resultados. Durante los últimos cinco años el nuevo directorio de la Berlinale organiza nuevas secciones para la filmografía germana como la Perspektive Deutsches Kino (Nuevos horizontes del cine alemán), un espacio para óperas primas o segundas obras (ficción y documental) de nuevos directores, y la German Cinema, una especie de retrospectiva del cine hecho por la industria del país durante el año.

Aún mejor, lo que terminó por convencer que el veto ya se acabó, es que este año de las veinte cintas de la competencia oficial hubo cuatro películas alemanas postulando. Una de ellas era la adaptación de la novela Las partículas elementales de Michel Houellebecq, Elementarteilchen, dirigida por Oskar Roehler, un director que viene del cine underground (y un poco trash), y que en los últimos años dio un giro de 180 grados alejándose por completo de sus orígenes y tomando el melodrama como un género propio desarrollando además una veta cómica, una forma de lenguaje que algunos críticos los ha llevado a catalogarlo como el nuevo Fassbinder.

Me imagino que Fassbinder se revuelca en su tumba del cementerio de Bogenhausen en München cuando se dicen esos comentarios. Roehler –nada parecido a Fassbinder, por cierto- es un cineasta completamente comercial que hace filmes de grandes presupuestos y está asociado con el productor de blockbusters más importante de Alemania, Bernd Eichinger (Constantin film). Eichinger es responsable de filmes tan dispares como Los 4 fantásticos y La caída, y tiene a su cargo a lo menos el 30% de las películas que se producen en Alemania. Además es uno de los productores europeos que ha comprado más derechos de libros para luego transformarlos en cine como En el nombre de la rosa o La casa de los espíritus. Por eso fue gracias a Eichinger que Roehler pudo adaptar el libro de Houellebecq, trasladando la historia, que transcurre en Francia, a Berlín. Uno de tantos cambios que, según el autor francés, perdieron toda correspondencia entre el filme y la obra literaria por lo que se negó siquiera a verla. La película –que es una mezcla de melodrama y comedia intelectual- obtuvo el Oso de Plata al Mejor actor para su protagonista, el alemán Moritz Bleibtreu.

Otra película alemana en competencia era Requiem de Hans-Christian Schmid (ver artículo El estado de las cosas). En su cuarto filme, y como ya lo había hecho en otras de sus películas, Schmid ficciona una historia real. Michaela Klingler (Sandra Hüller) es una joven de 23 años que a comienzos de los 70 vive en un pueblo conservador al sur de Alemania. Pese a la oposición de sus padres (fervientes católicos) –que temen dejarla sola ya que sufre de epilepsia- abandona el pueblo y parte a estudiar en la universidad. Cuando está empezando sus estudios en la ciudad tiene nuevos ataques de epilepsia que la colapsan y la derivan finalmente a la locura. Sus padres sospechan que las convulsiones ya no son parte de la enfermedad sino pruebas de una posesión demoníaca. En la vida real, Michaela muere en la casa de sus padres, desnutrida y sin fuerzas, luego que el cura del pueblo le hiciera varios exorcismos durante 9 meses. Lo curioso es que Hans-Christian Schmid termina donde otras películas comienzan. No hay el clásico show efectista, o sea no hay vómitos, cabezas girando o la chica introduciéndose cruces en la vagina. Schmid sólo nos muestra los antecedentes de la locura de Michaela y su hipótesis de lo que tal vez pasó. Sandra Hüller ganó el Oso de Plata por su interpretación. Para muchos la película era una de las favoritas para ganar la competencia, pero... no era una película política. Así de fuerte es el estigma del festival.

Matthias Glasner con su socio de productora, el actor y guionista Jürgen Vogel, presentaron un filme que fue una auténtica sorpresa por el tema, la crudeza con que es mostrado y sobretodo por generar empatía hacia un personaje que era el más perfecto antihéroe. Con críticas encontradas, en Der Freie Ville (The free will), Vogel es un violador que tras quedar libre después de pasar nueve años en un psiquiátrico, trata de luchar contra sus demonios internos y adaptarse a la sociedad y llevar una vida normal. En más de tres horas de duración, el filme –que comienza con una descarnada escena de una violación- es un retrato de brutal realismo donde el protagonista debe apaciguar sus instintos lo que no le resulta nada fácil cuando –siendo tentado por una chica que se cruza en su camino- comienza una especie de vida de pareja hasta que la bomba estalla. Vogel recibió un premio especial del festival, como actor productor y guionista.

La directora debutante Valeska Grisebach, la más joven (37 años) de los directores alemanes en competencia, presentó Sehnsucht, la historia de una pareja de treintañeros que viven en un pueblo de 200 habitantes cercano a Berlín. Markus es feliz, trabaja en una fábrica de metales y es voluntario de bomberos. Con su mujer se conocen desde la época del colegio, tienen un hijo, y han crecido en ese pueblo, un sencillo paraíso terrenal. Un día Markus va a celebrar con la compañía de bomberos a Berlín. En esa noche de copas, Markus se emborracha y despierta al día siguiente en la cama de una extraña mujer sin recordar absolutamente nada. Allí comienza el conflicto de la idílica pareja. Grisebach cuenta esta historia con actores no profesionales y en un estilo documental siguiendo a sus protagonistas en la vida cotidiana. Un conflicto relatado casi sin palabras, sólo con gestos y miradas, de una vitalidad y realismo que asombran.

Lecciones de paciencia

La Berlinale es un festival de categoría A, pero a diferencia de sus hermanos como Cannes o Venecia, no da espacio sólo a la ficción. Dentro de secciones como Forum, Panorama y otras paralelas hubo alrededor de 45 documentales y otras cintas de formatos más experimentales.

Dentro de las cintas experimentales, destacó la presencia de Romuald Karmakar (ver artículo El estado de las cosas) que presentó Hamburger Lektionen (Hamburg lectures) su décimo filme, pero el segundo en este insólito estilo: sólo aparece un actor y lee un documento frente a cámara. El texto corresponde a los sermones que leyó un predicador terrorista islámico en una mezquita de Hamburgo donde estuvieron los pilotos suicidas de los atentados del 11 de Septiembre en Nueva York y Washington. El 2001 en Das Himmler Projekt, Karmakar hizo exactamente lo mismo: el actor Manfred Zapatka (que se repite en Hamburger Lektionen) lee un discurso que escribió y leyó el líder de la Gestapo, Heinrich Himmler, en una reunión con sus compañeros de armas de la SS para justificar el extermino judío y que duraba la friolera de tres horas. Con un estilo también similar, uno de los principales documentalistas alemanes, Andres Veiel, presento Der Kick (The Kick) que trata de la muerte de un adolescente de un pueblo alemán, asesinado por sus amigos de un golpe en la cabeza. Veiel entrevista a los familiares, amigos, vecinos y abogados del caso y con esos testimonios construye un libreto que dos actores recitan en una fábrica abandonada.

Pero lo más interesante de este año fue el trabajo culmine del voluminoso proyecto del matrimonio de Barbara Junge (montajista) y Winfried Junge (director), dos cineastas de la ex República Democrática Alemana. Con una duración de 278 minutos, dividida en dos partes, Die Kinder von Golzow: Das Ende der unendlichen Geschichte (The Children from Golzow: the End of an Endless Story), cierra una serie de 16 documentales filmados desde 1961 a los niños de la aldea de Golzow. La obra, que ya ha sido exhibida profusamente en la televisión alemana, muestra el seguimiento que hizo la pareja a la vida de los niños de este pueblo desde sus primeros días de escuela hasta hoy. Capturando a lo menos 40 años de la vida de esos niños (ahora adultos), en estos documentales se ve de todo. Desde su paso por el colegio, la universidad, los matrimonios, el nacimiento de sus hijos, momentos duros como el desempleo, la caída del muro de Berlín y del socialismo, sus ilusiones y frustraciones, y cómo va cambiando la forma de vida de ellos, y de la gente de este pueblito. Es conmovedor ver el envejecimiento tanto de los protagonistas como del equipo técnico (camarógrafos, sonidista y director), así como sorprende la mixtura de estilos y formatos que los Junge fueron imprimiendo a su trabajo, desde lo clásico a documentales un poco más experimentales (filmes sin comentarios ni entrevistas), del celuloide al video, siempre dejándose influenciar, absorbiendo lo que estaba de "moda" y asimilando nuevas técnicas de registro. La escena final de este último documental muestra cuando se cierra la escuela de Golzow como si Winfried Junge hubiera sabido, cuando comenzó este proyecto (inicialmente material de propaganda sobre la educación en las escuelas de la RDA), como terminaría la película 45 años después.

Este año ganó el premio especial en Forum (Wolfgang Staudte Preis) un documental que vale la pena reseñar aunque es de origen austríaco: Babooska de Tizza Covi y Rainer Frimmel. Se trata de la vida de una familia de un circo itinerante que recorre los balnearios italianos. Filmada como una road-movie, la cinta se centra en Babooska, una chica de 21 años. La gracia del documental está en que no nos muestra la rutina del circo, sino cómo transcurre el día a día de estos nómades modernos en su vida cotidiana, revelando datos curiosos como que la hija menor en un año pasó por 16 colegios.

European Film Market

No puedo terminar este artículo sin referirme a un tema que debería ser clave para el cine en Chile. Cómo se sabe, en la Berlinale, como en cualquier otro festival importante, no sólo se exhiben películas. Existe una gran cantidad de productoras y distribuidoras que vienen a hacer negocios. Un dato que lo grafica por completo, es que este año el European Film Market (el centro de negocios de la Berlinale) tuvo que trasladarse de su lugar habitual a un espacio de más de 5 mil metros cuadrados, ya que el número de participantes ha crecido enormemente: 250 compañías de 51 países, 650 films y 5.162 profesionales de la industria acreditados.

Lamentablemente, y a esto hay que ponerle atención, Latinoamérica siempre tiene un pequeño stand en una esquinita miserable que comparten las delegaciones de Brasil, Cuba y uno que otro país latinoamericano que presenta una película. Para un evento de esta magnitud, la verdad es que se ve bastante pobre ver un puesto con un par de videos y tres afiches locos pegados en la pared. Siempre me pregunto por qué Chile –que ha tenido una intermitente participación en este evento- no invierte algo dinero en distribución, por qué todos los años no hay un stand. Sin inversión difícilmente se abrirán posibilidades claras de distribución en Europa.

Según la directiva del festival, este año se cerraron más contratos que los años anteriores. O sea ahora más que nunca vale la pena venir al festival de Berlín pensando que puede ser la puerta de entrada para negociar nuevos proyectos con fondos europeos. Si Chile se decide a invertir en el festival, si tiene una presencia permanente, es probable que logre cerrar negocios en el mediano plazo. Pero si mantiene esta falta de continuidad (viene un año, tres años no), todo el tiempo habrá que explicar que sí, que sí existe el cine chileno.

* Cedido por Sebastián Barahona y publicado originalmente en:

MABUSE CHILE

Festival de Cine de Berlín:

BERLINALE

Abril 2006, Alemania.

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