Eric Dolphy:
"Out to Lunch"

Por Íñigo Díaz

Si John Coltrane pasó a la inmortalidad con A love supreme (1964) y Ornette Coleman inscribió su nombre para siempre en la historia con Free jazz (1960), es justo y también muy necesario incluir entre estas dos columnas al multisoplador Eric Dolphy, con la gran obra musical de su corta vida: Out to lunch. Aunque injustamente nunca tuvo el éxito de popularidad que lograron aquellos discos de Coltrane y Coleman, este “cierre por colación” es un virtual manifiesto del post bop, el avant-garde y la composición contemporánea, original de 1964 y reeditada hoy como una pieza maestra del jazz moderno.

Para quienes han profundizado en Out to lunch, la pregunta en torno a la música incluida por Dolphy en sus surcos sigue estando vigente: ¿es jazz de avanzada lo que se escucha? ¿o música contemporánea interpretada con instrumentación jazzística? Seguramente la respuesta va a quedar en el aire, pues cada vez que algún auditor guarde el long play en su funda tendrá una apreciación diferente.

Lo único cierto es que Dolphy conduce aquí un maravilloso conjunto que más que un quinteto de jazz actúa como un ensamble de cámara. Detrás de sus saxofón, clarinete y flauta, aparecen el hardboper Freddie Hubbard (trompeta), Richard Davis (contrabajo), el por entonces mozuelo Tony Williams (batería) y Bobby Hutcherson (vibráfono). Este último instrumento permite a Dolphy desprenderse de la figura del pianista bop como soporte armónico y le entrega al conjunto un color y un punto de vista que lo ubican bastante más allá de prácticamente todas las bandas que en los 60s grababan para la Blue Note.

Las piezas son disonantemente plácidas. Una tras otra, sobresalientes. Y nos confirman que en sus escasos años como líder (1960-64), Dolphy merecía algo más que el recuerdo vago de su figura. Out to lunch sugiere diversas procedencias: rítmicamente desde Thelonious Monk, exploratoriamente desde Charles Mingus, melódicamente desde Dave Brubeck. Como ocurre con la intrincada apertura de ‘Hat and beard’, la reverencia de ‘Gazzelloni’ al flautista docto italiano Severino Gazzelloni, y el magnífico cierre de ‘Straight up and down’. Con seguridad, uno de los diez álbumes del jazz moderno de todos los tiempos.

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