Entrevista a fondo:
El jazz de Shorter como signo de interrogación

Por Íñigo Díaz para EMOL

Un cuarteto de miedo estará en Santiago: Danilo Pérez (piano), Brian Blade (batería), Wayne Shorter y John Patitucci (contrabajo).

Ni siquiera el propio tenorista tiene certeza de lo que ocurrirá cuando toque el próximo martes 25 en el Teatro Teletón.

En 1998, el pianista Herbie Hancock actuó para el público chileno en un concierto ofrecido en la Estación Mapocho. Había anticipado no tener ni la más remota idea de qué iba a tocar. Tanto así, que antes del show, cuando el público se acomodaba en sus asientos, Hancock fue interceptado por un hipster que a través de un papelito le solicitó "Maiden voyage". Hancock se lo guardó en el bolsillo y cuando salió al escenario dijo: "Antes de tocar con el quinteto, voy a interpretar 'Maiden voyage', una composición de 1965".

Herbie Hancock (65) y Wayne Shorter (72) están cortados por la misma tijera. Desde su militancia en el quinteto de Miles Davis en 1964, prácticamente no se han separado por demasiado tiempo. Se invitan uno al otro a tocar en sus discos, son "yuntas". De hecho, la última vez que se les vio por Chile configuraban un dueto de piano y saxo tenor. Hablan el mismo idioma. Entre incertidumbre y desenlace, ese idioma es la improvisación.

"No saber qué tocaremos nos mantiene muy atentos", dice Shorter, quien lo único que prepara rigurosamente hoy son sus maletas para viajar a Santiago y actuar en el Teatro Teletón el martes 25, en una aparición tan fugaz y electrizante como un solo de bebop. Viene, toca y se va.

El anuncio de su concierto dice "Wayne Shorter Quartet", pero el mismo músico siempre se ocupa de decir "nuestro cuarteto": Danilo Pérez (piano), John Patitucci (contrabajo) y Brian Blade (batería). Y si la música se parece a su última grabación, "Beyond the sound barrier" (2005), prepárese para un set de 120 minutos de búsqueda de un discurso en tiempo real.

-¿Hacia dónde se dirige su música hoy en día?

"Estamos tocando sobre lo que refleja lo desconocido y lo inesperado. Es lo que está pasando hoy. Hay tantas sorpresas alrededor del mundo y nuestra música está condicionada por ese 'factor x' de la vida actual. El hecho de que no hay una universidad para lo inesperado. ¡No hay un curso llamado 'Lo Inesperado I'! (se ríe)".

-¿Cuán distinta es la música de este Wayne Shorter en cuarteto 2005, que la que grabó "Adam's Apple" en el mismo formato en 1966?

"Será totalmente distinta, en el sentido de que la mayoría de las veces no ensayamos lo que vamos a tocar. No tenemos la oportunidad, pues los miembros del grupo viven apartados geográficamente. Alguien está en Nueva York, otro en Massachussets, yo vivo en Florida. Como todos tienen su familia, ensayar es un verdadero lujo. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que el hecho de no ensayar nos lleva hacia lugares distintos, musicalmente hablando".

-¿Ha cambiado la relación con el público desde esos legendarios "años Blue Note"?

"Absolutamente. Recuerdo cuando apareció el avant-garde en los 60. La mitad del público nos abucheaba y la otra mitad nos vitoreaba. ¡Algunos hasta se iban del lugar! Con nuestro cuarteto tocamos de manera muy inesperada. Es muy difícil anticipar lo que pasará, ninguno de los cuatro lo sabe. Y las audiencias para las que hemos tocado en Europa, Estados Unidos y Japón nos siguen atentamente. Después de actuar dos horas, el público comenta que el show ha sido demasiado breve. Eso nos habla de que estuvo bien".

-Sus músicos provienen de tres tradiciones muy distintas: Patitucci (fusión), Pérez (latin jazz) y Blade (bop).

"Es lo que uno necesita: distintas polaridades. Distintas raíces para confirmar la celebración de la música en su forma original. La celebración de la vida eterna y de la creación. Se necesitan estas diferencias para mostrar para qué existe la música".

-¿A qué músicos sigue?

"Admiro a muchos músicos del pasado, compositores e intérpretes alrededor del mundo: Piazzolla, Debussy, Ravel, Bartok, Stravinsky, Beethoven, Mahler. Aún me gusta Salif Keita. O Umm Kulthum, la gran cantante egipicia que murió hace algunos años. No sé si la han escuchado, pero es una enorme intérprete".

-¿Quiénes fueron sus saxofonistas de cabecera?

"Aparte de Lester Young y Charlie Parker, me encantaban Dexter Gordon, Wardell Gray e Illinois Jacques. Además, había un gran saxofonista llamado Warne Marsh, que tocaba junto a Lee Konitz".

-¿Alguien puede ocupar hoy el sitio de Parker o Gillespie?

"Creo que si eso llega a suceder, va a ser alguien con una conciencia distinta. No será lo mismo que con Bird y Dizzy, o con Coltrane y Bud Powell. Las circunstancias para la creación de esa conciencia serán distintas. Creo que se acercarían a las características de la 'Iluminación'. Está muy lejos de la gratificación instantánea de la popularidad. Es algo a una escala mayor, no persona a persona, sino que una 'Ola de Despertar'. He estado siguiendo atentamente a los músicos nuevos y tengo una condición para escuchar a alguien. ¿Estás dispuesto y comprometido a ir hasta el final y a apostarlo todo para seguir el camino de la música creativa sin temor?"

-Con una mano en el corazón, ¿es el último de los grandes saxofonistas tenor del jazz?

"No vivo según los conceptos 'comienzo', 'final', 'primero' y 'último'. Creo que son palabras temporales. Deben ser usadas y luego desechadas. Tu pregunta tiene más que ver con la formalidad y la semántica, que con la 'Sustancia' y la 'Conciencia'. O sea, la 'Iluminación' ".

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El Mercurio, Domingo 9 de octubre de 2005