Si hay UMO ¿hay fuego?

Por Álvaro Menanteau

Helsinki, 6 de octubre de 2006. Pasados 3 minutos de la 7 PM hizo su entrada el director de UMO Jazz Orchestra, seguido por el resto de los músicos. Todos eran arios e iban vestidos con tenida formal: chaqueta y pantalón azul marino, camisa blanca y zapatos negros. Pero había algo en su atuendo que presagiaba un espectáculo que no sería todo lo que aparentaba ser: todas las corbatas eran distintas. Las había rojas, grises, burdeo con rayas, con lunares negros o azules.

Partieron directamente embalados con temas rápidos, y ahí vino la primera impresión de contraste. La orquesta sonaba como un solo cuerpo orgánico, poseía swing, un sonido parejo, los ensambles entre dúos y tríos sonaban amalgamados, los voicings en paralelo de los 5 saxos eran exactos y afinados (a pesar de que hacían gala de glissandos y vibrato), los cortes del baterista eran matemáticos, los solistas dominaba lo que salía por sus instrumentos… pero estaban leyendo. Lo leían casi todo, los solos de los vientistas eran intensos, correctos en todo sentido, pero con el intérprete con la vista pegada a la hoja pautada. Hasta el baterista cuando acompañaba, estaba leyendo sus partichelas; en realidad hubo algunas ocasiones en que el baterista despegó su vista del atril y acompañó fraternalmente algunos solos, pero casi todos los temas tenían cortes y éstos eran asumidos desde la partitura.

Mi primera reacción fue pensar "¿pero qué es esto? ¿una pieza de museo? ¿en qué momento la música de Ellington se transformó en arte?". Todavía resonaban en mi mente las palabras de Luc Delannoy, cuando en el foro de esta página escribió: "El concepto de arte apareció en Europa cuando la obra fue sacada de su contexto para ser exhibida en un museo". Pensé entonces que la música de Ellington había surgido en un contexto afroamericano, y ese momento me hallaba en Europa presenciando este espectáculo.

Luego recordé la continuación del planteamiento de Delannoy: "Al de-contextualizar la obra para ponerla en un museo, se establece una relación estética entre el público y la obra". Y ahí estaba yo, disfrutando de la exactitud de la interpretación, el buen sonido, el rico manejo del lenguaje, el fraseo arrastrado… sí, los elementos básicos del lenguaje que llamamos jazz estaban presentes, pero me chocaba esa imagen de los músicos leyéndolo todo, o casi todo. No recordaba haber visto en alguna película en blanco y negro al baterista Sonny Greer leyendo, o a Jimmy Blanton decodificando una línea de walking, nota por nota. Seguí pensando ¿dónde está la diferencia con una orquesta sinfónica interpretando (con afán estético) una sinfonía de Haydn? Porque algunas sinfonías de Haydn fueron escritas para que su patrón Esterhazy tuviera una buena digestión oyendo "música de fondo".

Y entró de lleno el factor estético. Me dejé llevar por el sonido, entrecerré los ojos y disfruté de la música de Ellington. ¿De la música de Ellington? No. De la interpretación de la música de Ellington. Tal vez la música original no sonaba así, es muy probable. Es probable, incluso, que esta interpretación sonara mejor que Elligton en el sentido que para la sensibilidad europea, este debía ser el Ellington correcto. Nuevamente recordé las pugnas de los doctos, cuando se discutía de la música de Stravinsky dirigida por Stravinsky…

Y de pronto todo se resolvió, aparentemente, sin conflicto. Fue en la segunda parte del concierto (adjunto el programa), cuando la orquesta presentó un par de suites que Ellington compuso una vez acabada la era de las grandes orquestas bailables y del jazz como música popular masiva.

Paréntesis. Se puede definir la suite clásica (docta) como una composición que se desarrolla en varios movimientos, cuyo origen se remonta al renacimiento y barroco europeos. Normalmente era asumida a partir de la alternancia de movimientos rápidos con lentos, y dichos movimientos estaban inspiradas en danzas cortesanas (léase de la clase alta) y regionales (léase populares) del período. El musicólogo chileno Juan Pablo González planteaba en un discurso que esas suites del siglo XVI y XVII serían los orígenes más concretos del impacto de lo que hoy denominamos música popular en la composición académica.

A partir de lo anterior, comencé a visualizar que estaba frente a un proceso con forma de escalera de caracol. La suite barroca incluye elementos estilizados de músicas populares Ellington reelabora la estructura de la suite barroca (desde su óptica de director de big band) los europeos llevan a Ellington al museo.

Hacia el final del concierto todo era más relativo que al principio. Por un lado Ellington jugando con las formas clásicas, llenándolas de contenido jazzístico. Ello era evidente en una composición como Such sweet thunder, la cual (según le entendí al director en su explicación en finés) estaba inspirada en personajes y situaciones tomadas de Shakespeare. Por otro lado, la orquesta jugaba a interpretar académicamente esta música de origen popular, que aspiraba a acercarse al modo académico. Finalmente todos ganaron algo.

Salí de la sala con ese regocijo íntimo de haber asistido a un buen concierto. Y aunque hubo un magnífico humo, eché de menos el fuego.

Helsinki, 07 de octubre de 2006.

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