Nuestros primeros registros.

Por Álvaro Menanteau

Al igual que tanta música del siglo XX el jazz también recibió el impacto del registro fonomecánico (léase grabación de discos) y el accionar de la industria discográfica. Desde que se consolidaron las dos principales compañías grabadoras en EE.UU. (Victor y Columbia, en 1902), el registro fonográfico ha permitido a la música grabada la posibilidad de crearle sentido de pertenencia e identidad al público auditor.

En el caso del jazz, el disco constituyó un elemento de vital importancia en cuanto a la presencia de la música. El disco fue compitiendo con la presentación en vivo, generando un enorme mercado a medida que avanzaba el siglo XX con sus adelantos tecnológicos. En Chile, el incipiente mercado de la música popular estuvo dominado por una especie de monopolio a dos bandas, en donde hasta 1930 los discos 78 que se comercializaban debían ser importados por los sellos norteamericanos (los citados RCA Victor y Columbia), por una parte, y por la marca británica Odeon, por la otra.

Hay que considerar el hecho que muchos de los próceres del jazz en Chile aprendieron el lenguaje jazzístico mediante la audición atenta de los viejos discos 78 que se comercializaban en esos años. De ahí entonces la importancia de rastrear las grabaciones realizadas en nuestro medio.

En cuanto a las primeras grabaciones relacionadas con el jazz en Chile, podemos decir que escasamente han sobrevivido algunas en el arcaico formato de disco 78 rpm. De fines de la década de 1920 sólo tenemos conocimiento de tres registros vinculados con nuestro tema: los shimmys I tenía un lunar, La estrella y Promesse.

El cineasta, compositor y pianista José Bohr (1901-94) grabó hacia 1926 el shimmy I tenía un lunar con una agrupación no identificada que incluía violín, corneta, trombón, saxo tenor, saxo en do, clarinete, piano (posiblemente el mismo Bohr), banjo, tuba y batería.

Debido a lo temprano de esta grabación cabe la duda razonable respecto si fue realizada en Chile o en Argentina, puesto que en aquellas fechas los sellos RCA Victor y Odeon no poseían estudios de grabación en Santiago de Chile, debiendo grabarse en Estados Unidos o Buenos Aires, al menos en el caso de Victor. Sólo a partir de 1930 ambos sellos comenzaron a grabar en sus instalaciones ubicadas en Santiago.

Aún en el entendido que I tenía un lunar hubiese sido grabado en Buenos Aires, cabe además la duda con respecto a la nacionalidad del personal de dicha grabación. Lo importante, creo, es que el autor de la composición fue el chileno José Bohr (aunque su nacionalidad se la disputan Chile, Argentina y Alemania), quien posteriormente grabó una versión cantada del mismo tema.

Una situación similar ocurre con La estrella, otro shimmy de la misma época grabado en Argentina por su autor, Juan Santiago Garrido (1902-1994), bajo el sello RCA Victor. Hasta el momento no ha sido posible determinar con exactitud su fecha de grabación, aunque el número de serie sugiere el año 1929.

Un tercer caso, más difuso aún, lo constituye el shimmy Promesse del pianista, director y compositor chileno Carlos Melo Cruz (1897-1974). La grabación en disco 78, fue realizada hacia 1926 por la Jazz Band del director argentino Roberto Firpo.

Sea como sea, lo concreto respecto a estas grabaciones pioneras es que no se trata de expresiones 100% jazzísticas. Se trata, más bien, de música popular bailable que incorporó algunos elementos del jazz, tales como la rítmica a contratiempo, una instrumentación similar y algún concepto improvisatorio; esto último es más evidente en el interesante solo de corneta presente en I tenía un lunar.

Esta situación incierta con respecto a las primeras grabaciones nacionales de jazz se fue aclarando a principios de los años 40, cuando se editaron los primeros discos del Quinteto Swing Hot de Chile y del conjunto Ases Chilenos del Jazz, en 1944 y 1945. El Quinteto Swing Hot de Chile fue el conjunto liderado por el guitarrista Luis Silva (1915-1987) quien se iniciara tocando banjo en 1936. En 1937 se integró a la orquesta típica del director Porfirio Díaz y fue posible verlo ejecutando el contrabajo en otras agrupaciones menores.

El quinteto de Luis Silva basaba su repertorio emulando lo realizado en Europa por el gran Django Reinhardt, y fue secundado en el violín por Hernán Oliva, un destacado intérprete que pronto emigró a Argentina transformándose en un referente local para el swing de Buenos Aires. A principios de los años 40 Luis Silva se transformó en el primer guitarrista chileno que grabó discos de jazz, destacándose sus registros para RCA Victor, los foxtrots Muñeca de papel y Menilmontant.

Como dato anecdótico podemos consignar que, cuando el jazz dejó de tener el rango de música popular masiva, Luis Silva reorientó su carrera integrando desde 1956 el dúo folclórico y humorístico Los Perlas. Sí, nuestro prócer de la guitarra jazzística en Chile fue el mismísimo "perla grande".

Santiago, diciembre, 2004

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