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El jazz en Chile: una panorámica inicial
Por Álvaro Menanteau
Por estas fechas cumplimos 80 años de historia del jazz en Chile. Esta historia ha transitado por tres etapas bien definidas: primero, cuando llegó desde Estados Unidos bajo la forma de música popular bailable y cantable; segundo, cuando acusó recibo del impacto del bebop y los estilos de "jazz moderno" no asociados al baile ni al canto; y tercero, cuando algunos cultores nacionales abrieron la posibilidad de fusionar recursos jazzísticos con elementos de nuestra música tradicional.
Hacia 1920 llegaron a Chile las primeras manifestaciones de la "norteamericanización" de nuestra cultura popular. Los bailes exportados por Estados Unidos que se basaban en recursos tomados de la "música negra" se sucedían uno tras otro: charleston, one step, shimmy, foxtrot. La mayoría de las veces de trataba de melodías bailables que se arropaban con algún elemento jazzístico como la síncopa, el contratiempo, la instrumentación (corneta, trompeta, saxos, batería) o el fraseo atresillado.
En esta primera etapa (a lo largo de las décadas de 1920 a 1940), el jazz compartió el favor del gran público junto con la tonada, la canción, el vals, el corrido y el bolero.
Fue en 1924 cuando el músico e investigador Pablo Garrido Vargas (1905-1982) presentó la primera orquesta de jazz en Valparaíso. En el caso de orquestas como ésta, normalmente se leían arreglos venidos del extranjero, caracterizados por la inexistencia de solos instrumentales. Pablo Garrido exploró la dirección, los arreglos y la composición en el contexto del jazz en boga por aquellos años. También incursionó en la investigación y el periodismo musical, además de la composición docta con elementos jazzísticos, como se aprecia en obras como Jazz window (1932) y su Rapsodia chilena en tiempo de jazz (1937), esta última de lleno en lo que se conocía como jazz sinfónico, heredero del accionar de George Gershwin.
Durante los 20 años que Garrido dedicó a promover el jazz en Chile ya se evidenciaba una diferenciación entre el "jazz melódico", comercial y masivo, y el hot jazz, veta más enérgica que reivindicaba la improvisación y un fraseo más expresivo. A partir de esta última modalidad se fueron aglutinando un puñado de músicos y gran cantidad de aficionados que dieron vida al Club de Jazz de Santiago en 1943, importante entidad difusora del jazz hasta nuestros días. Éste y otros clubes similares surgidos en provincia (como Concepción, Valparaíso y Los Ángeles) realizaron actividades de difusión del jazz en nuestro medio, tales como reuniones períodicas, charlas, jam sessions, grabaciones, programas radiales y festivales tanto nacionales como internacionales. En el contexto de esto último, cabe destacar el accionar del Club de Jazz de Concepción en donde los aficionados lograron realizar seis festivales entre 1956 y 1965. En estos encuentros tuvieron gran presencia los conjuntos de aficionados que cultivaban el denominado jazz tradicional, representado por los estilos de Nueva Orleans, dixieland y swing.
Hacia fines de los 40 se inició la segunda etapa de esta historia cuando las nuevas vanguardias venidas de la metrópolis dejaron atrás la masividad, y el jazz pasó a ser patrimonio de especialistas y de una elite que valoraba su nuevo enfoque estético. Se comenzó a hablar de "jazz moderno", en donde las nuevas tendencias se suceden con rapidez: bebop, cool jazz, hard bop y free jazz tuvieron cultores en Chile en la medida que estos fueron depurando su técnica y poniendose a la altura de las exigencias de la nueva música. Los aficionados fueron desplazados por los músicos profesionales en el cultivo práctico de estas nuevas modalidades jazzísticas, ya que los nuevos estilos eran indudablemente más complejos.
Una vez que se alcanzó una maduración de los nuevos estilos de jazz que llegaban a nuestras costas, fueron los músicos profesionales quienes abrieron una tercera etapa al vislumbrar la necesidad de integrar elementos de la música tradicional chilena con la práctica del lenguaje jazzístico. A mediados de los años 70 se produjeron las primeras síntesis en este sentido, las cuales siguieron madurando lentamente en los años 80 y se decantaron definitivamente en los 90. Cruces entre jazz, música docta, tonada, cueca, música altiplánica y folclor mapuche atraviesan las propuestas que, en definitiva, han logrado posicionar una modalidad de música chilena con un alto grado de autonomía estilística.
La invitación es entonces a recorrer juntos esta historia, tomando en cuenta los hitos históricos y los protagonistas, para conocer y reconocernos en esta historia del jazz en Chile.
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