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Enzo Rocco Los sonidos de la libertad
El personal guitarrista, uno de los referentes del jazz contemporáneo en Italia, pasó por Buenos Aires en medio de una gira argentina que aprovechó para grabar con los mendocinos de Los Tres Atriles.
SANDRA DE LA FUENTE
El guitarrista Enzo Rocco es a los 38 años un referente importante del jazz contemporáneo italiano. Su música mezcla con desparpajo la tarantella y el free jazz con algo de rap, tango y folclore de cualquier lugar del mundo aprendido en alguna de sus giras.
Aunque la frescura de su música parece negarlo, Rocco ha pasado por la Universidad de Bologna y ostenta el título de musicólogo especializado en semiótica de la música. "Fui discípulo de Umberto Eco. Lejos de inhibir mis raíces, Eco me ayudó a multiplicar la tarantella que yo llevaba adentro", afirma con una pronunciación que no suena extraña a ningún oído porteño.
"Lo mío empezó con el free jazz, pero la música popular italiana y la de otros países conviven en mí. El free jazz es una liberación total de la forma, aunque seguramente después de una hora de música queden solamente cinco minutos rescatables —asegura Rocco—. El free jazz estuvo conmigo junto al rock y la tarantella cuando tenía quince años; mucho antes estuvo Verdi. Mi papá me leía el libreto de Rigoletto, me explicaba que por qué sufría la Traviatta."
- ¿Y el jazz cómo apareció?
- Mi primer disco de jazz fue uno de John Coltrane con Eric Dolphy. Después descubrí que el jazz era mucho más que eso, que estaban Charlie Parker y muchísimos otros que no me interesaron especialmente. Me gustaba la energía del free jazz, es comparable a la del heavy metal. En algún momento me di cuenta de que no quería estudiar jazz en una escuela, que la academia sirve sólo para la música clásica. Quería hacer una música en la que sonara el jazz, la lírica, el heavy metal y el folclore. Naturalmente tardé muchos años en encontrarla. Algunos dicen que mi música es una fusión.
- ¿Te gusta el término?
- No, para nada. No me gusta en absoluto la idea de fusión y tampoco la de world music que se puede definir como ritmo americano o música occidental con un poco de perfume de tango o de alguna otra música local. La world music mata la música verdadera; intenta demostrar que lo importante es el ritmo americano. La palabra fusión tampoco me gusta porque me suena un poco a laboratorio, mezclar un poco de cada cosa buscando un buen resultado. Creo que el futuro de la música es la mezcla inconsciente. Me gustaría hacer una música en la que no se reconociera su origen. En Francia se habla de un folclore imaginario, una definición que a mí me gusta muchísimo: se escucha un folclore que extrañamente no tiene un origen particular.
- ¿Cuál es la situación del jazz italiano?
- En Italia hay muchísimos músicos que imitan el jazz americano y hay una gran corriente de músicos que tratan de hacer algo local. Me parece que el jazz europeo más importante viene hoy de Francia y de Italia. Por suerte no tenemos una Berklee School en Italia y el resultado de esto es una gran libertad que tienen los músicos. La Orquesta Inestable de Italia, por ejemplo, es una orquesta de 20 músicos que hacen lo que hago yo: una especie de free-tango-tarantella japonés espectacular.
- ¿Qué te trajo a Buenos Aires?
- Hace dos años me invitaron a un festival de jazz de San Rafael, que lo auspicia una bodega de Mendoza. Al director del festival le gustaba mi música y me organizó una pequeña gira por Córdoba, Mendoza, Rosario y Buenos Aires. Este año volví para ampliar la gira y grabar con el grupo mendocino Los Tres Atriles.
- ¿Por qué elegiste tocar la guitarra si te gustaba el saxo de Coltrane?
- Mi primer instrumento fue el piano. Después de un año y medio de tocar arpegios y practicar solfeos, le imploré a mi papá que me permitiera abandonar ese suplicio. Un día pasamos por un negocio y vi una guitarra. Inmediatamente le pedí a papá que me la comprara, le prometí que no iba a abandonarla y no lo hice. Eso sí, soy autodidacta.
- Sin embargo en tu música aparecen referencias a la música clásica.
- Sí. A la música clásica llegué mucho más tarde. En un principio no me gustaban todos esos compositores que ya estaban muertos y que para colmo eran alemanes: Brahms, Beethoven, Bach; le tenía más cariño a Mozart, pero claro su música era más internacional y por lo tanto, más italiana. Ahora me gusta Beethoven, tiene una fuerza comparable al heavy metal, como el free jazz. La música de Bach no puedo escucharla por más de una hora. Los músicos de formación clásica creen que existe una única forma de interpretar cada obra. A mi me parece que a Bach le gustaría más escuchar las Variaciones Goldberg en manos de Gould que en las de otros miles de pianistas que tratan de seguir fielmente ciertos dogmas de interpretación. Creo que es mejor elegir la originalidad que la técnica. Por eso me interesó la libertad del jazz contemporáneo. Tengo la suerte de sentirme libre. A mí me gusta no tener una familia y vivir de hotel en hotel. La música que hago es el resultado de este tipo de vida.
- Decías que una hora de Bach era suficiente, ¿cuánto tiempo resistís con el jazz contemporáneo?
- Quince minutos.
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FUSION. A Rocco no lo seduce el rótulo. "La palabra fusión me suena a laboratorio, mezclar un poco de cada cosa buscando un buen resultado. Creo que el futuro de la música es la mezcla inconsciente." (Foto: Leo Vaca)
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