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Alejandro Espinosa
Por Iñigo Díaz
Un test como el siguiente de seguro obtendría resultados negativos: si preguntamos a melómanos menores de 25 años por bandas del jazz chileno como Nexos, Impresiones o Coda (*) tendríamos nueve signos de interrogación sobre diez encuestados. Pero, lógico, esto no es culpa de ellos. La responsabilidad recae en quienes nunca hicieron ningún tipo de documentación durante aquella época: periodistas, archiveros y los propios músicos.
Por eso una colección musical tan simple como la que hoy el baterista Alejandro Espinosa presenta como su tercer álbum personal, adquiere un valor enorme. El tiempo nos dio la razón: estos registros olvidados, muchos de los cuales habían sido realizados prácticamente "por si las moscas", son ahora verdaderos documentos, recuperados por quien ha sido uno de los bateristas más valiosos (y controversiales) del jazz nacional. Porque así como Espinosa se ha rodeado de músicos fieles, también ha tenido detractores y críticos en este medio donde los egos son enormes. Espinosa igualmente avanzó por los tiempos abriéndose paso e instalando su nombre entre los más importantes del género: Desde su Concepción natal, al interior del Trío Jazz Moderno, hasta el liderazgo de la Funk Jam Orchestra en la capital. Treinta y cuatro años de jazz ininterrumpidos que lo convierten en el batería más importante en la época posterior a los dominios de Lucho Córdova y Orlando Avendaño.
En los casi 80 minutos de música de Solo jazz, vol 1, Espinosa despliega una pequeña muestra de los recuerdos que rescató de su baúl. Como hombre-ancla del programa "Solo jazz", de la enterrada Radio Classica, fue además un importante difusor durante la época posterior al silencio obligatorio. Utilizó sus micrófonos y estudios para conversar y hacer tocar con cuanto solista estuvo de paso por el país entre 1991 y 2001 (ver detalle de sidemen). Y justamente haciendo un homenaje a este espacio tituló este nuevo álbum. Un álbum que promete segunda parte en 2005.
Gran parte de las sesiones corresponden a los festivales internacionales realizados en los 90 como eventos revitalizantes de un jazz chileno dormido y golpeado por el régimen militar. Hay jazz simple ("Cabaret") y bop muy intrincado ("Little niles", "Invitation"), hay música latinoamericana jazzificada a veces más a veces menos ("Alfonsina y el mar", "Gracias a la vida", "Vuelvo al sur") y hard bop del duro ("Lotus blossom", "To mamma"). Incluso una apreciación personal de batería en honor al cuarto hombre del Dave Brubeck Quartet ("Una para Morello"). Espinosa ha hecho un gesto de documentación que debiera hacerse más seguido. Solo jazz, vol 1 no es una compilación, sino una retrospectiva musical.
(*) Nexos (no confundir con Nexus, del saxofonista Patricio Ramírez) fue un grupo jazz-rock con Alejandro Escobar en la guitarra (luego líder de Quilín) y Edgardo Riquelme en el bajo (luego líder de Cometa). Impresiones fue el gran proyecto personal del pianista moderno Mariano Casanova (y que tuvo, entre otros, al saxofonista Patricio Ramírez). Coda fue un quinteto de filiación hard bop encabezado por el bajista peruano Enrique Luna (presentando como solistas a Daniel Lencina en la trompeta y a Marcos Aldana en el saxo tenor).
Alejandro Espinosa, "Solo jazz, vol. 1" (2004, independiente)
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