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Adrian Iaies
Por Mariano E. Spataro
Afuera los relámpagos iluminaban la noche. Parecía nomás que este
otoño primaveral, finalmente había cedido ante esos relámpagos y
truenos que presagiaban la llegada del frío. Sin embargo, dentro del
club del Vino, el clima era todavía muy cálido. Un público
desbordante esperaba la presentación de este trío de lujo : Adrián
Iaies en piano, Horacio Fumero en contrabajo y Fernando Martínez en
batería.
Mientras el Cabernet Sauvignon ayudaba a liberar emociones, y la
música empezaba a endulzar el alma, intenté relacionar el ''estilo
Iaies '' con el de algún pianista ya consagrado . En la búsqueda de
alguna similitud, me di cuenta que importante es hoy en día la figura
de Iaies para el desarrollo del Jazz en Argentina, y por que no, en
Sudamerica. Pareciera ser el personaje indicado para abrir una puerta
en el mercado europeo y americano. De hecho, su disco: las tardecitas
de mintons, fue nominado como mejor disco de jazz latino, en la última
entrega de los Grammys. Es un músico muy astuto que encima, tiene muy
buena prensa: la revista española Cuadernos de Jazz se llena la boca
hablando maravillas de él y la edicón de Abril de la Down Beat,
salió una nota muy interesante.
Volviendo al cuestionamiento inicial, me di cuenta que en realidad
no existe relación muy marcada con nadie, y eso se debe a que Iaies ha
desarrollodo su propia y particular manera de tocar . Esa impronta, ese
sello personal tan difícil de lograr, máxime, para un principiante.
Al igual que tantos músicos de jazz latinos (Danilo Perez, David
Sanchez, Chucho Valdez, Gonzalo Rubalcaba, Paquito mismo) el muchacho
con cara de bueno, ha sabido tomar las raíces musicales de su país, y
así armar su propio, único y bello cóctel de melodías. Es muy grato
sorprendernos con acordes tangueros camuflados tras los fraseos
jazzeros. El viento arrabalero aparece y se esfuma mágicamente,
haciendonos creer que el piano son dos y las manos son cuatro.
Su música contagia e impregna mucha melancolía y nostalgia,
sensaciones que surgen desde el lado tanguero del asunto. Su estilo es
más bien introvertido y melódico, sin embargo, este Dr. Jeckyl de la
música, es capaz de romper facilmente ese melodismo tan cristalino
para mostrarnos su cara más enigmática. Toma la frase, la
desestructura, juega un poco con ella, se va bien lejos y luego vuelve
a entrar a la melodía como si nada hubiera pasado. Quizás el abuso de
las singles notes, le quite un poco de potencia a su mensaje, pero no
cabe duda que todos los arreglos hechos sobre los tangos, tienen un muy
buen gusto y un estilo personal .
Justamente es el mix de estas dos sensaciones (la melancolía y lo
enigmático), lo que diferencia su estilo del resto y lo hace tan
particular . Usando términos vitivinícolas: podríamos decir que el
jazz de Adrián es denominación de origen de controlada (d.o.c). Me
gustó la imagen de un jazz d.o.c.
Es un placer descubrir tras una introducción un tanto monkiana,
aunque sin precipicios melódicos, los primeros acordes de Malena. Y
sucederá lo mismo con Nostalgias, Caminito y tantos otros tangos.
Entra y sale del jazz y/o del tango con singular claridad y frescura.
Híbrido de Don Byron y el Diego, cita una melodía, amaga y sale por
otro lado dejando desairado a su marcador-oyente. O acaso la música no
se trata de eso: de citar, emocionar, sorprender y emocionar ?
A pesar de no tocar juntos muy seguido, los tres se entienden de
maravillas sobre el escenario. Los contrapuntos entre Fumero y Iaies
son charlas continuas, mientras que Martínez, un poco más alejado de
este diálogo, responde cada vez que lo llaman. Bellos y largos
diálogos de contrabajo y piano; susurros y secretos entre el
contrabajo y la batería. Martínez, maneja todos los matices del ritmo
con gran autoridad. Se luce con las escobillas mientras Iaies juega con
las octavas de su piano. Su gran potencia rítmica, queda demostrada
cuando sube al escenario F.González, hijo del gran Lucho, con un
cajón peruano. Juntos hacen uno de los momentos mas fuertes del
show.
Que (no) decir de Fumero. Músico de NBA. Por lo enorme, por lo
profesional, por lo talentoso.
Este Jordan del contrabajo, ha tocado con músicos de primera línea
internacional. Más parecido a Sandro que a Mingus (en lo físico,
obvio), este santafesino, coterráneo de Gieco, que se hizo famoso por
tocar 16 años con el increíble Tete Montelieu ( pianista catalán
ciego de increíble soltura), tiene el estilo y el talento de los
grandes, e indudablemente, lo es.
Para todos los amantes del jazz, que no tenemos la suerte de verlo
muy seguido por Buenos Aires, ya que Horacio tiene su residencia en
Barcelona, fue una gran emoción verlos tocar en Buenos Airs. Emoción
compartida seguramente, ya que para él fue el reencuentro con su
tierra, sus raíces musicales y principalmente, con su gente.
Fumero toca el contrabajo como si fuera un solista, pero sin perder
nunca la perspectiva grupal. Su acompañamiento es potente, sonoro y
sútil a la vez. Su pulsión es muy fuerte, lo que le permite sonar
bien adelante. Mientras marca el ritmo, no desaprovecha ninguna
ocasión para pasear a gran velocidad por el diapasón, demostrando que
un contrabajista puede ser rítmico y melodioso a la vez.
Amigos, solo queda recomendarles que estén atentos, ya que
próximamente saldrá a la venta el disco grabado en Barcelona de Iaies
con Fumero, producido por el mismísimo Carlos Sampayo, exquisito
curador jazzístico.
Los rayos y truenos continuaban, e ilumaban la sala. Luego de
semejante show, yo no tengo dudas que no era otro que San Pedro,
aplaudiendo desde allá arriba por este exceso de música.
Art for yr ears, como dicen por ahi.
Mariano |