Fake book y real book son términos que se acuñan al interior de la industria musical estadounidense, designando dos tipos de producciones que, en la práctica, no resultan ser tan diferentes una de otra. Es decir, se trata de productos similares a pesar de la oposición de las denominaciones fake/falso y real/verdadero.
La historia comienza en 1949, cuando son publicados los primeros Fake book en Estados Unidos. Se trata de antologías piratas de canciones populares norteamericanas en versiones impresas abreviadas. Estas versiones son abreviadas en el sentido que sólo contienen la línea melódica principal, con la letra bajo ésta y un cifrado de acordes por sobre lo anterior; desde entonces este cifrado (de origen europeo medieval) es conocido equívocamente como clave americana. La edición de tales reducciones resultan de mucha utilidad para los músicos que trabajan en el circuito de bares de aquella época, pero como violan las leyes de protección de propiedad intelectual, terminaron siendo una amenaza para el mercado legal de las partituras impresas, no abreviadas. Estas últimas constituyen un mercado que por esas fechas comienza a extinguirse, luego de compartir con la edición de discos (desde principios del siglo XX) un importante espacio en la difusión masiva de la música popular.
La segunda parte de esta historia acontece en 1974, cuando unos estudiantes de Berklee College of Music en Boston crean The Real Book, una edición informal de transcripciones de estándares de la canción popular estadounidense, esta vez sin el texto, e incluyendo algunas piezas más actuales. La intención de estos estudiantes (uno de los cuales resulta ser el guitarrista Pat Metheny) es entregar una selección de composiciones representativa de lo que los músicos profesionales de jazz realmente tocan en ese tiempo. Estos estudiantes también consideran la posibilidad de realizar una edición legalizada, que incluya los derechos de propiedad intelectual involucrados en la publicación. Debido a lo complicado y caro de implementar esta medida, esto último queda sólo en el nivel de buenas intenciones, y la compilación circula desde entonces también de modo informal, como cualquier otro Fake book de antaño. Sin embargo, las armonías que indica The Real Book se aproximan de un modo más veraz a aquellas de las composiciones originales, valorándose así este texto por sobre las anteriores ediciones piratas.
Posteriormente el Real Book se transforma en un referente no sólo para infinidad de músicos profesionales, sino además para estudiantes de jazz en todo el mundo. Y el repertorio de más de 400 composiciones allí contenido ha derivado en un canon, con todas las implicaciones que ello conlleva.
Hoy en Chile disponemos de la primera edición de un Real Book Chileno. Este libro conserva semejanzas con el referente norteamericano, pero también posee sus diferencias específicas. Entre las semejanzas tenemos que se mantiene el criterio de escritura, indicándose la línea melódica y el cifrado de acordes, aunque se incluye el texto en algunas composiciones cantadas. Las diferencias están dadas por el mecanismo empleado por los compiladores, pues esta vez se contacta directamente a los autores para que entreguen sus composiciones con los permisos correspondientes. Además, en la gran mayoría de los casos, no se trata de transcripciones sino de partituras generadas por los mismos autores, lo cual disminuye el riesgo de tergiversar las melodías, ritmos y armonías originales.
El valor de esta publicación radica en constituir una muestra de la composición de música popular chilena asociada al jazz y la fusión. Es una muestra que representa la posición en que se hallan los creadores nacionales a finales de la primera década del siglo XXI, pero incluyendo además algunas piezas compuestas en la década de 1960 (como Tranquilo y Lunes 1º, domingo 7) o de 1970 (Introducción al blues, Volantín de plumas). Esto último representa una importante mirada al pasado de la composición en Chile, gesto que implica la valoración de una actividad lenta pero sostenida a través del tiempo.
La composición de piezas originales es un síntoma saludable dentro de la cultura musical de una nación y, si bien en esta edición faltan algunos autores importantes (como Guillermo Rifo, Edgardo Riquelme o Ángel Parra), este primer Real Book Chileno cumple con la principal misión que inspira a sus realizadores: dar a conocer en nuestro medio musical, tanto profesional como académico, una selección con lo más representativo de los autores chilenos activos a principios del siglo XXI.
La selección de partituras que constituyen este libro es generada por autores chilenos que cubren cuatro generaciones. La primera generación está representada por exponentes nacidos en la década de 1930 y hasta mediados de los años 40, como Valentín Trujillo (n. 1933), Patricio Ramírez (n. 1937), Roberto Lecaros (n. 1944) y Manuel Villarroel (n. 1944), músicos asociados a la ampliada escena de la música popular que les toca vivir en su juventud, pero con un especial interés personal por las expresiones jazzísticas.
La segunda corresponde a músicos nacidos en la década de 1950, como Mario Lecaros (n. 1950), Moncho Romero (n. 1951), Nacho Mena (n. 1954), Raúl Gutiérrez (n. 1955) o Pablo Lecaros (n. 1957), quienes se especializan en estilos más específicos de composición, asociados al jazz latino y la incipiente fusión.
La tercera generación incluye autores nacidos en la década de 1960 y principios de 1970 (como Emilio García, Mauricio Rodríguez, Jorge Díaz, Christian Gálvez, Cristián Cuturrufo o Gonzalo Palma), quienes forman parte de la primera oleada de la generación de los años 90, la cual da un nuevo y vital impulso a la práctica del jazz en Chile. La cuarta generación corresponde a los músicos nacidos a partir de 1973 y que forman parte de la segunda oleada de la generación de 1990, músicos que se dan a conocer a principios de la primera década del siglo XXI; entre éstos se cuenta a Nelson Oliva, Roberto Dañobeitía, Federico Dannemann, Andrés Pérez, Agustín Moya, Nicolás Vera, y Gabriel Feller.
Esta reunión de músicos chilenos de diferentes generaciones nos brinda un abanico amplio de estilos cultivados, que van desde el swing más convencional (Arancibia, Córdova, Dannemann, Duplaquet, Ibacache, Palma), hasta la fusión con ritmos chilenos (Cerda, Díaz, M. Lecaros). Entre medio se dan otros estilos, como bebop (Pérez, Vera, Zavala), funky (M. Lecaros, Palma), jazz rock (Cerda, García, Gatica, González), balada (Errázuriz, Arancibia, Trujillo, Krumm), bolero (Candia, Greene, Ruiz), vals (Feller, Cerda), latin jazz (Gutiérrez, Alvear, Ruiz) y otros ritmos latinoamericanos (P.Lecaros, Mendoza, Villagra, Zúñiga). Incluso es posible encontrar casos, no fusionados, de música tradicional latinoamericana (Torrealba, Cavour) y chilena (Trujillo).
La variedad generacional y de repertorio expuesto en esta selección da cuerpo a un producto final de enorme utilidad para fines interpretativos y didácticos. La presencia de autores de diferentes generaciones comprueba que en nuestro medio disponemos de una larga tradición de creadores dispuestos a entregar al público sus piezas originales. Al mismo tiempo, comprobamos la tendencia al aumento de la composición en los últimos 20 años.
El valor didáctico de este trabajo radica en la posibilidad de disponer de material antiguo y nuevo de creadores nacionales. Este material puede ser empleado hoy en cátedras de historia de la música (cuando se disponga de grabaciones de las composiciones presentadas), en talleres de composición, talleres instrumentales, análisis y teoría musical.
Finalmente, la variedad estilística expuesta reafirma la versatilidad del músico nacional, dispuesto y capacitado para abordar diferentes géneros musicales, ya sea en la interpretación como en la creación. Llama la atención la transversalidad de los estilos presentados, dándose el hecho de que la fusión no es exclusiva de los más jóvenes, así como la composición de estilos más tradicionales no es exclusiva de los músicos de mayor edad.
Todo lo anterior lleva a considerar el gran mérito y valor que posee esta publicación, al permitir una mayor difusión y un mayor conocimiento de la música compuesta e interpretada en Chile.
Dr. Álvaro Menanteau
Musicólogo
Escuela Moderna de Música
Santiago de Chile, 9 de marzo de 2012.