Franz Mesko, en vivo y en disco:
El “saxofonismo” chileno que gana altura
El tenorista de 22 años se suma a la tendencia. Esta semana estrena en concierto su primer trabajo solista, titulado “Calle ciega”.
IÑIGO DÍAZ
Antes de leer letras y palabras, leía notas y escalas. “Tendría unos cinco años y mis viejos me mandaron a estudiar música. Increíble”, dice Franz Mesko, el jazzista de la semana. Este viernes presentará en vivo la más nueva colección de composiciones del jazz contemporáneo chileno: “Calle ciega” (Discos Pendiente).
El concierto será en la Sala Master de la Universidad de Chile (Miguel Claro 509, 21:00 horas, $3.000). Mesko se presentará con su nuevo cuarteto, que incluye al vibrafonista Diego Urbano (hoy radicado en Buenos Aires), el contrabajista Milton Russell y el avezado baterista Félix Lecaros.
El músico chileno es parte de una generación que ha reubicado al saxofón como arma primordial del jazz. En ella aparece Melissa Aldana, quien a los 22 años editó en Nueva York su disco “Free fall”, además de toda una camada activa en Chile que acaba de sacar discos, como Claudio Rubio (“Tristano!”) y Andrés Pérez (“Santiago vivo”), o que está ultimando detalles de nuevos títulos, como Agustín Moya (“Espacio elástico”) y Cristián Gallardo (“Sin permiso”).
“‘Calle ciega’ es un concepto que me inventé para vivir en el presente nomás. Una calle ciega no es una calle sin salida. Es una calle sin final, que uno puede caminar para siempre. Entonces este disco es como mi autobiografía, aunque recién cumplí 22 años”, apunta.
En esa historia personal hay composiciones centrales: “Ian”, dedicada a su hijo de tres años, y la balada de amor “J”. También están “Pretexto”, que es su justificación para “salir a caminar por la calle ciega cada día”, y la fundamental “Piso 13″. “Cuando llegué a vivir al décimo tercer piso de un edificio en el centro de Santiago se me abrió la cabeza. Allí terminé este repertorio”.
El concierto será transmitido por Radio Universidad de Chile desde su auditorio. “He querido alejarme del circuito de los clubes comunes del jazz para buscar otros escenarios. Desde el Amanda en Vitacura hasta un galpón en el centro de Santiago. Me siento cómodo tocando para otros públicos, no exclusivamente jazzeros. Desde que el terremoto obligó a cerrar el Club de Jazz de Ñuñoa, que era mi casa, todo cambió para mí”.