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Pancho Molina, sus nuevos sonido y beat, entrevistado en mus.cl

Jinetas de baterista

Referente del rock y el jazz de la década de los ’90, Pancho Molina regresó a Chile desde Nueva York, donde está radicado, para realizar la más intensa temporada de conciertos que haya tenido desde que se fue a Estados Unidos, tocando en escenarios de Santiago, Valparaíso, Los Vilos y La Serena. En casi diez años su performance y su musicalidad cambiaron. Y la historia más conocida quedó atrás definitivamente: “Los Tres no son tema y Los Titulares hasta se me olvidaron”.

Iñigo Díaz | fotos: Roberto Barahona y archivo de Pancho Molina

Tres composiciones de John Coltrane fueron parte del concierto que dio el 5 de febrero pasado en un escenario veraniego instalado en el lado norte del Parque Alberto Hurtado, que es el nombre formal que tiene al que se le conoce por años de años como Parque Intercomunal de La Reina. Esa noche el nuevo cuarteto del baterista chileno Pancho Molina demostró la categoría que ha adquirido hoy el ex músico de Los Tres.

–Partimos con “Crescent”, seguimos con “India”, un tema que muy pocos tocan, y terminamos con “Chasin’ the trane”. Coltrane siempre me llevó hacia la composición, que era algo que yo no había podido desarrollar en el tiempo en que estuve en Chile. Siempre fue tocar rock, pop o jazz y todo ocurría en las salas de ensayo, en los estudios de grabación o en los conciertos, no en la partitura –dice Pancho Molina, radicado hoy en Nueva York después de un intenso período de estudio de “jazz comp” en la famosa escuela de Berklee de Boston.

A Chile llegó para realizar la más nutrida gira de conciertos que hay hecho en el último tiempo. La noche del Intercomunal, micrófono en mano Molina admitió que desde sus tiempos con Los Tres “que no tocaba para tanta gente. Es mi mayor público en diez años”, dijo. Tres mil espectadores lo aplaudieron. “Además era la primera vez que tocaba con todos ellos en la misma banda (el saxofonista norteamericano George Garzone, el pianista argentino Leo Genovese y el contrabajista chileno Rodrigo Galarce), presentando temas y como show establecido. Uno tiene siempre la cosa de Nueva York, donde no conoces a los músicos, vas a tocar, después te quedas en el bar hangueando con los tipos, vuelves a tocar de nuevo, te pagan un poco. Así es”.

–¿Te metiste en esa mecánica?

–Tengo un guiso estable todos los miércoles en un club de Brooklyn que se llama Teddy’s. Es un trío de jazz absoluto, como música más o menos de relleno, la gente tomas sus copas, como se da la cosa en Nueva York. En el grupo están el guitarrista alemán Elias Meister y el contrabajsta americano-ruso Dmitry Ishenko y yo, un baterista chileno.

–¿Es un trío de guitarra a la antigua, tipo Jim Hall?

–Elias es un guitarrista rockero que conocí en Berklee. Tiene un bonito sonido y le gusta el jazz también. Es un buen grupo. Con ellos en Teddy’s hemos ido desarrollando un sonido como banda y también yo, como baterista. Eso es una huevada que no para. Me tardé como seis años en ir hacia ese sonido. Todavía lo estoy buscando. Es más liviano, dinámico y musical que antes. Es mucho más interactivo con la armonía. Tiene más conciencia, trata de entender el lenguaje. Creo que influye mucho la imposibilidad de ensayar: hay que ser más simple, tener menos ego y trabajar para la música. Haber aprendido composición ayuda muchísimo.

–¿Cómo era esa experiencia del jazz a los veintitantos?

–Cuando vivía en Chile tocaba más con instinto, súper conectado con la energía de los otros músicos. Estaba muy metido en el ritmo y siempre con la necesidad de que estuvieran pasando cosas. Ahora, más viejo, la intención no es la misma. Lo importante es que la música respire. A los 25 años estás más prendido y si la energía baja se transforma en una mierda (risas). Además creo tiene que ver con el nivel de los músicos en su momento.

–¿En qué sentido?

–En esa época no estaban el (guitarrista) Nicolás Vera, ni todos los jazzistas que están tocando ahora a todo dar. Nosotros, el Cutu (Cuturrufo), el Ángel (Parra), el Charly (Carlos Silva) el Chico Gálvez (Christian Gálvez), el Pedro Rodríguez, éramos la siguiente generación después de Cometa o de Daniel Lencina. Era lo que era, no más. Ahora el nivel chileno está muy arriba. La otra vez fui a ver a Quintessence en vivo. También vi al cuarteto de (el saxofonista) Claudio Rubio, con Tomás Krumm en el piano y Julio Denis en la batería… ¡buenísimo!

–¿Eso quiere decir que en los ’90 les faltó ancho?

–Para alcanzar el nivel que tienen ellos en sus veintes tenía que pasar mucho más tiempo. Eso lo lograban tipos como Alejandro Espinosa (batería), Moncho Romero (piano), Marlon Romero (piano) o Marcos Aldana (saxo) a los 35 ó 40 años. Es un desarrollo normal. No significa que nadie sea mejor o peor que otro.

–Además de actuar para tres mil personas en Santiago, en esta pasada te tocaron conciertos más exóticos, por no decir extraños.

–¿Cuáles?

–Conciertos en las costaneras de Pichidangui y Los Vilos, por ejemplo.

–Eso es el Cuturrufo’s style. Tocamos con el Cutu para mucha gente muy distinta a la que escucha jazz en la ciudad. Pero no nos olvidemos que las raíces del jazz son populares. Cuturrufo es un tipo que trabaja en las raíces folclóricas, el roots del jazz es popular y no intelectual. Así trabajaban Duke Ellington, Eddie Condon, Stan Kenton, Glenn Miller, con orquestas que hacían bailar a medio mundo. Roberto Parra escuchaba a Benny Goodman. “Quién es la que viene allí” salió de la copia de esos swings americanos. Entonces el Cutu es un huevón brillante: tiene la conexión con el pueblo.

–¿Qué cosas pasaron en esos conciertos?

–Lleno, lleno, lleno de gente de Los Vilos, pescadores, veraneantes. Al lado del mar, arriba de un escenario como de piedra. Grosso, man. Y la gente la disfrutaba, aplaudía los solos. Y había una banda de Los Vilos que tocaba mis temas de Los Titulares. Yo estaba ¡guaaaa!

–¿En serio? ¿Qué tocaban?

–”El vu parlé” y otro más que no escuché porque justo me estaba tomando un café. Llegó un tipo y me dijo, “Molina, tenís que venir. Están tocando tus temas”. Eran cabros de Los Vilos. La raja.

–Así se va creando una escuela.

–Es importante la referencia. La música popular, la clásica o el jazz están basadas en lo que ocurrió antes, en una referencia. En los ’90 no nos dábamos cuenta de que estábamos armando una escuela. Ahora que estamos viejos lo podemos tristemente ver. Así como lo hicimos nosotros antes también lo hicieron el Pedro Greene, el Mota Riquelme, el Edgardo Riquelme, Alejandro Espinosa, Pablo Lecaros. Son los músicos de la fusión en Chile también, que vienen de ahí y de mucho antes. El peligro en un medio tan frágil como el nuestro, donde la música y la cultura no son parte del hang diario, es que los músicos queden estacionados, que saquen un disco y listo. Hay como un pequeño síndrome de la vaca sagrada. Como que todo el mundo quiere ver al mismo huevón siempre y hay una sombra sobre el resto. Eso es dañino.

–Hay gente que no escucha música pero igual los conoce.

–Entremedio fuimos a tocar a Quilicura, al aire libre, en una calle que cerraron en un barrio. Estaba el tío Valentín Trujillo como parte del show. Puta, man: lleno. Lleno de pobladores. Se me acercaba una chica y me dijo que sabía que estaba viviendo en Nueva York y que Los Titulares eran una tremenda banda. A mí hasta se me olvidan Los Titulares. Ahora lo he percibido bien, porque me vine más conectado con la música. Antes venía a ver a la familia y tocaba un par de veces en El Perseguidor. Como Cuturrufo me llevó a tocar, he visto esas cosas: tres mil personas que aplauden en el Parque Intercomunal, una banda que tocar mi música en Los Vilos, una chica que te habla de Los Titulares. Y eso que el último disco de Los Titulares fue hace como diez años.

–¿Los Titulares se acabaron? ¿Están cerrados o hay unos Titulares en Nueva York?

–Allá son The Headliners (risas). No sé, no lo tengo claro. Estoy en un súper buen momento creativo, porque ahora tengo las herramientas para escribir en la partitura. Con el Charly (Silva) trabajábamos mucho en el piano, cantábamos melodías. “El vu parlé” era puro bu-bururú y eso. Todavía colaboramos. Desde Nueva York a Barcelona, donde él vive. Tenemos algunas cosas pasando por e-mail. Él me manda tracks, yo le pongo baterías o invito a algunos músicos a hacer cosas. En esa época el Charly le iba buscando cosas al tema, los armonizaba y yo le ponía el ritmo. Después llamábamos al grupo y montábamos la música. Pero yo sabía entonces que afuera los músicos se juntaban a tocar no más, entonces siempre quise hacerlo así: ensayar poco y tocar.

–¿Así fue el disco Los Titulares?

–Ese primer disco la música era sencilla, así que la cosa fue fácil. Además como todos estaban ocupados, el Ángel, el Pedro Greene, Gálvez, logré que fuera un par de ensayos y después yo hice las cosas en el estudio. En Los Titulares (1998) están los temas más conocidos del grupo, los que se tocaron más en la radio en esa época. El disco Perseguidor (2001) fue otra cosa.

–Ahí hay un cuarteto establecido.

–Achicamos más el grupo y decidimos quedarnos con Cuturrufo como solista. Pasamos de sexteto a cuarteto. Ese año entró (el contrabajista) Rodrigo Galarce. Era un bajista con el que sí podíamos ensayar harto. La otra vez estuve escuchando ese disco en El Perseguidor y suena súper tight, súper bueno. Bipolar (2003), en cambio, fue el cierre de mi etapa en Chile y además las pocas composiciones originales que tenía, porque tocamos una obra completa de John Coltrane (“A love supreme”, 1964), eran mías. “Bipolar” me gusta mucho. Yo estaba en la onda de la producción. Coltrane y los viajes a Nueva York que había hecho cuando ya no estaba con Los Tres me encaminaron a estudiar y a irme. Tenía que desarrollar la creatividad y la capacidad de poder tocar con la mayor cantidad de músicos de manera instantánea, sin ensayos. Eso es lo que estoy buscando ahora. Ya lo hice.

–¿Grabaste en Nueva York?

–Sí, me metí al estudio con Dmitry Ishenko y Leo Genovese. Ellos no tenían idea de qué iba la cosa y llegaron. Armamos un cuarteto con Dan Blake, un saxofonista grosso. Ahí la curtieron de una. Llevé las partes para todos los músicos, leyeron mis temas y salió sin ensayos. Fue así, como yo quería. Salieron dos temas de cinco que grabamos. Una es el blues “Bedstuy facility” y otra es “See glazz”.

–Llevan títulos en inglés. Describen esa vida en Estados Unidos.

–Claro. “Bedstuy…” es mía y “Glazz” no es más que una improvisación que salió a trío con Leo y Dmitry. Y todo esto grabado por un chileno, Andrés Subercaseaux. Quiero seguir trabajando con él. Este año tiene que salir el disco.

–Sin músicos chilenos esta vez.

–Lo que pasa es que llegando a Nueva York me encontré con que los músicos chilenos que están allá o son muy jóvenes o son de mi generación como la Claudia (Acuña) o el Yayo (Serka) y están con sus proyectos armados y están más metidos en la música latinoamericana. Dejé que todo fluyera y me fui yendo hacia otra música.

–¿Y el contrabajista Pablo Menares, que en Chile fue muy demandado?

–A él no lo conozco. No me lo he topado nunca en Nueva York. Para mí es importante hangear. Y tengo un círculo de músicos que no son chilenos y que me satisfacen completamente.

–¿Qué otros temas tienes en carpeta?

–Hay una que se llama “Tumbuctú” (risas). Y también un tema de otra onda, que es una canción, donde están Elias Meister, Leo Genovese y un amigo danés cantante de Berklee que se llama Emile Vovberj. La historia fue bien loca. Estábamos en mi casa para mi cumpleaños. Emile me había regalado un libro de Fernando Pessoa. Como él se iba, les dije a los músicos que teníamos que musicalizar un poema de Pessoa antes de que Emile se fuera. Él buscaba un poema en el libro, Elias chequeaba un riff de guitarra y yo no tenía idea qué hacer, y dije “hagamos un beat de siete cuartos”. Así salió “Poema”, bien impro. Emile cantó leyendo el libro. Cuando le mostré el take a Andrés Subercaseaux quedó loco con la música. Llamamos a Leo Genovese y lo metimos al estudio con todos su keyboards. Salió muy bien.

–Andrés Subercaseaux es el músico chileno de la banda.

–Claro, es un productor. Con él me conecto. Voy a seguir trabajando con él en los próximos proyectos de jazz. “See glazz” va a ser parte del disco. “Bedstuy…”, “Tumbuctú”. No sé si será un disco de Los Titulares. Tal vez sea, o tal vez no. Puede que sea, simplemente, Pancho Molina.

www.panchomolina.com

Terremoto en Concepción, maremoto en Coliumo

Ni en 1985 ni en 2010 Pancho Molina estuvo ahí para experimentar lo que los chilenos vivieron con sacudidas telúricas de escala mayor. A los 16 años, ese 3 de marzo al finalizar la tarde, se encontraba en Concepción, por lo tanto se saltó el terremoto de 7,9 grados Richter ocurrido en San Antonio, Melipilla, Valparaíso y Santiago. Y en 2010, menos mal que Pancho Molina no estuvo en Concepción el 27 de febrero. Se enteró del 8,8 y la tragedia sureña a través de las noticias. “Me siento culpable, no tengo la experiencia chilena completa” dice.

A dos semanas de la conmemoración del primer año del 27F, el baterista ha tenido apenas una oportunidad de visitar su ciudad natal. “Vine a Concepción en noviembre pasado. Mi hermana me fue a buscar al aeropuerto y en vez de llevarme a la casa me preguntó si quería darme una vuelta por la ciudad. Puta, veo la Plaza de Armas y un edificio chueco y abandonado, el edificio O’Higgins, los vidrios quebrados y todo mal. Y después veo el edificio que quedó en el suelo. Puta, habían pasado nueve meses y parecía que hubiera sido la semana pasada. Primero fue el terremoto, después el maremoto en lugares de la costa”.

–Coliumo fue uno de esos lugares. Y Los Tres hicieron un disco en su honor.

–No lo escuché completo, sólo el single (“Shusha”). Creo que ellos están en un proceso de transición duro. No sé si es una crisis o algo. No creo que estén tan contentos con lo que están haciendo.

–¿Nunca conversaste con los músicos del grupo?

–Hace diez años que no tengo ningún contacto. No tengo idea en qué estarán. Los Tres ya ni siquiera son tema para mí. Además la situación con ellos es delicada. Supongo que están tocando. Supongo que está bien, está legal.

Lee la entrevista en mus.cl


3 Comments

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  2. fernando toledo rivera
    February 15, 2011

    Bien por Pancho Molina. Somos vecinos de toda una vida en Concepción. Lo conocí desde los tiempos en que era un escolar y ensayaba en su casa. Su visita a Chile en estos días nos permitió ver a este gran músico y su consolidación en el medio norteamericano. Pancho, es el referente de todos los bateristas de la escena jazzísticas contemporánea de Chile.

  3. Marco
    August 3, 2011

    “Ahora el nivel chileno está muy arriba. La otra vez fui a ver a Quintessence en vivo. También vi al cuarteto de (el saxofonista) Claudio Rubio, con Tomás Krumm en el piano y Julio Denis en la batería… ¡buenísimo!”

    Gracias Pancho, qué bueno que te haya gustado mi 4to!!!

    Marco Reyes (Contrabajista)

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