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Carlos Vera música al ritmo de las percusiones

Vibrafonista y timbalista, es una de las figuras de mayor proyección internacional. Después de dos años en Alemania, se acaba de integrar a la Orquesta Filarmónica de Santiago.

Iñigo Díaz (El Mercurio)

“Si en una orquesta un violín de la sexta fila se equivoca, no pasa nada; pero si tú metes un fortissimo en un compás equivocado, puede quedar una catástrofe musical. Nadie más toca contigo. Estás solo en esto”. Carlos Vera Larrucea sabe que su posición como percusionista clásico depende de un metronómico sentido y un ajustado comportamiento: siempre, pero siempre, a tiempo.

Es el mismo músico que se hizo conocido antes de los 20 años como un pequeño virtuoso del vibráfono en los ambientes jazzísticos. Pero su formación musical proviene de las técnicas doctas y la academia. Apenas un día después de dar su examen de título como percusionista clásico en la Universidad Católica, Vera Larrucea ya buscaba nuevos rumbos musicales en conservatorios de Alemania.

Tras dos temporadas en Munich y en Mannheim, donde se sometió a intensivos adiestramientos en los timbales sinfónicos con el maestro Peter Sadlo, regresó a Chile para concursar por una plaza en la Orquesta Filarmónica de Santiago. Hoy es el segundo timbalista, después del titular, el ruso Yaroslav Isaev.

Durante la semana prenavideña participó en sucesivas funciones del ballet “Cascanueces” en el Teatro Municipal y en la Plaza de la Constitución, y acaba de cerrar el año con un programa de extractos corales de “Carmen”, “El Trovador” o “Cavalleria rusticana”. Vera Larrucea es polivalente.

“Yo venía de tocar en Ñuñoa o en Bellavista, y de repente me vi metido en orquestas en Tokio, Osaka o El Cairo. Me fui a Alemania con un muy buen nivel musical, pero allá me di cuenta de que iba a ser duro, porque todos los músicos jóvenes estaban a gran altura. Yo era el único latino en kilómetros a la redonda. Tuve que aprender alemán a la fuerza. Esos dos años me la pasé estudiando. ¿Qué más iba a hacer, si nevaba todo el tiempo?”, dice Vera Larrucea.

Hoy tiene 26 años, y desde hace un tanto se presenta con ese segundo apellido, para diferenciarse de su padre, el reconocido percusionista sinfónico, vibrafonista de jazz y académico de la UC Carlos Vera Pinto. Fue quien primero lo instruyó en las percusiones rítmicas y melódicas. “Tuve los instrumentos y las motivaciones para tocar siempre a la mano. Si Peter Sadlo fue duro conmigo en clases en Alemania, también lo fue mi papá en esos tiempos. Ahora lo agradezco”, dice.

De hecho, hace una semana el grupo de jazz latino de Vera Pinto, llamado Mamblues, se presentó en el club Thelonious con un espectacular número afrocubano. Al sexteto estable se sumó Vera Larrucea como estrella invitada, en un segundo vibráfono. Fue el músico que obtuvo por lejos las más efusivas reacciones del público ante sus velocísimos solos, siempre acompañados de pasitos de baile tropical. “Lo paso bien tocando una sinfonía de Beethoven y otras obras de mucha lectura, pero improvisar es algo que nunca he abandonado, ni pienso hacerlo”.

Sesiones con Steve Reich y Philip Glass

Fue sorpresiva su entrada al escenario del Teatro Municipal, con el ensamble del compositor estadounidense Philip Glass para uno de los tres conciertos que ofreció en octubre. “Glass pidió unos percusionistas a la Filarmónica, y nos integramos con Yaroslav Isaev. Mandó las partituras por correo, tuvimos un solo ensayo, y después a tocar no más”, recuerda.

Allí, el músico chileno se hizo cargo de un amplio set de parches, xilófonos y otros artefactos para la interpretación de extractos de la obra “Low symphony” y la ópera “Akhnaten” , piezas de un repertorio descrito como “música barroca del planeta Marte”. Pero el chileno ya tenía experiencia con maestros mundiales del minimalismo. En Alemania tocó con el ensamble de Steve Reich, compositor especialmente cercano a las percusiones melódicas: “Clapping music” (1972), “Six marimbas” (1973) y “Drumming” (1975). “Me impresiona la cantidad de gente que asiste a estos programas. Con Glass el Municipal estaba lleno y en Munich con Reich tocamos para tres mil personas”.


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