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Nonagenario y revolucionario: El vuelo sin fin de Charlie Parker

Es difícil de creer, pero es cierto. El músico que construyó los más laberínticos solos melódicos pulverizando los límites que definían la armonía dentro de un tema, el más rápido del Este y del Oeste, el más creativo e inspirado de su época, comenzó tocando la tuba.

Iñigo Díaz - El Mercurio 29/08/2010

Un instrumento difícil de maniobrar y transportar, tanto o más pesado que el propio Charlie Parker, y que vive en función de marcar la tónica y la quinta de un acorde. Es casi todo lo contrario a un saxofón alto en manos de “Bird”. Pero las circunstancias fueron favorables para esta historia: aunque partió con la tuba en la banda de su colegio en Kansas City, su madre no tenía suficiente dinero para costear una, así que le compró un saxo.

El nonagésimo aniversario de su natalicio se conmemora en Estados Unidos con conciertos como el “Bird Lives”, en Chicago, y el “Jazz Showcase wishes Charlie Parker a happy (if posthumous) 90th Birthday”, en Missouri. Programas radiales, discos y libros saludan la efeméride.

A Parker se le llama “Bird”, entre otras cosas, por el vuelo de sus solos. Y también por el vértigo de su vida, que lo llevó a un desenlace fatal a los 34 años, absolutamente enfermo y deprimido. Pero su influencia en la música del siglo XX proyectó la revolución hasta el día de hoy.

Según el estudioso alemán Joachim Ernest Berendt, hay fórmulas para medir su trascendencia, y una de ellas resulta exponencial: si Louis Armstrong hizo que todos los trompetistas de jazz cambiaran su manera de tocar, entonces Charlie Parker obligó a todos los instrumentos a tocar distinto (ver testimonios).

Entonces a partir de Parker y los músicos de la generación de 1940 (Dizzy Gillespie, Bud Powell, Kenny Clarke, Thelonious Monk, Fats Navarro), “bebop” será una palabra con la que habrá que familiarizarse: la onomatopeya de un idioma forjado en noches sucesivas en el club Minton’s Playhouse del Harlem neoyorquino, poco antes de que todos estos músicos bajaran a la Calle 52 y se hicieran famosos.

“Bebop” es la unión de una sílaba cerrada y otra abierta que representa la acentuación de la música en el tiempo débil. Eso quedó allí, instalado en un lenguaje jazzístico nuevo y futurista de cortes severos, enredos y trampas melódicas, altas velocidades y el indiscriminado uso de heroína como combustible para esa partida de jóvenes cats .

“Parker fue drogadicto, bulímico, alcohólico y tenía problemas mentales. Estas características, que él supo esconder, pesan más que cualquier forma de arte en una sociedad de la abundancia y la cosmética. Charlie estaba destinado a no ser motivo de orgullo colectivo (…). Su último acto vital fue un ataque de risa frente al televisor. Eso le produjo un colapso, y murió”, apuntó su biógrafo, Ross Russell.

Y cuando la baronesa Pannonica de Koenigswarter lo encontró sin vida en la suite de hotel donde había recibido a Bird, un trueno estremeció al edificio. Lo mismo había ocurrido en el momento en que Beethoven dejó de existir.


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