PuroJazz

El fin de la casona del Jazz

Iñigo Díaz – El Mercurio 6 de julio 2010

Al menos cinco generaciones de músicos conocieron este escenario ñuñoíno como el único asociado al Club de Jazz, a pesar de que éste nació en un segundo piso en Santo Domingo 1081, en el lejano 1943. De ahí ha vivido cuatro cambios de sede como mínimo, pero este período fue el más largo en su historia: desde 1980 hasta hoy.

Cucho Cruz, músico y el presidente del club que encabezó las actividades de reconstrucción de la casa tras el terremoto, confirmó esta semana la venta de la propiedad, lo que deja a los músicos de jazz sumidos en la incertidumbre con respecto al futuro de uno de los lugares con más historia vigente.”Yo diría que, junto con el Teatro Municipal, el club es lo más importante. No entiendo cómo no hay una política de resguardo del patrimonio para un lugar que ha generado tantos músicos chilenos durante 66 años. A nosotros, los bancos nos rechazaron los préstamos para comprar la casa y protegerla”, se lamenta Felipe Harrison, abogado y vicepresidente.

“Vamos a tener que buscar un nuevo espacio. Puede ser en Ñuñoa mismo o en otra comuna, pero lo que no vamos a permitir es que el club muera”, dice Cruz, y resuelve continuar con los conciertos en distintos lugares, como los que han programado en escenarios de La Reina y Las Condes y nuevos ciclos en carpeta en la Sala Isidora Zegers. Eso lleva directamente a una modalidad del club itinerante, como experimentan otros grupos de aficionados, sin posibilidad de tener una sede física. “Las personas pasan, las instituciones quedan”, es una máxima que resuena más que nunca hoy ante el nuevo panorama.

La sorpresiva venta de la casa golpeó fuerte a los músicos que ya habían realizado unos veinte conciertos para recaudar fondos para su reconstrucción. Según se supo después de la última reunión entre los representantes del club y los nuevos dueños, aún no se ha querido revelar la identidad de quien compró la propiedad. “Pero eso, a esta altura, ya da lo mismo”, dicen los directivos del ahora ex club de Ñuñoa.

Testimonios de ayer y hoy

Lucho Córdova

Baterista y fundador

“Hace tiempo que el club dejó de ser lo que había sido desde su fundación en 1943. Era un club real, con socios que se ponían con plata y arrendábamos un local cualquiera para una noche. No se pagaba entrada y no había bar. El modelo que existía ahora era como cualquier local nocturno. Nada más. Perdió su espíritu. Esa esquina debe ser muy valiosa y por eso la vendieron”.

Roberto Lecaros

Violinista y profesor

“No nos equivoquemos: esto no es el fin del club. Todos los jazzistas somos amantes de una música, no de una casa. El hecho de que los conciertos hayan seguido en La Reina y en Las Condes indica que el club está vivo. Yo he estado en cuatro cambios de sede, de Mac-Iver a Santo Domingo, a Lota, a California y a Macul, y nunca nos preocupó qué iba a suceder en el futuro”.

Roberto Barahona

Ex directivo y productor

“La casona que el club ocupó hasta el terremoto es la mejor de las que conocí. Tenía mucho ambiente y una acústica especial. Hice grabaciones en la casa de Ñuñoa y suenan cercanas al Village Vanguard de Nueva York. Lamento que se termine esta época allí, pero el entusiasmo de sus socios y del público hará que se abra otro club en algún lugar”.

Agustín Moya

Saxofonista y compositor

“Estoy muy triste porque en esa casa aprendí a tocar y conocí a los músicos con los que toco hoy día. Mi vida como saxofonista de jazz nace en Ñuñoa. Siento que es una gran pérdida. Va a ser muy difícil replicar la mística que tenía esa casa. Todo lo que pido es que el club no se acabe”.


2 Comments

  1. Edelce
    July 7, 2010

    Que pena, y me quedaba tan cerca, con ésta baja Ñuñoa perderá mucho de movimiento cultural.

  2. Sonia
    July 23, 2010

    Buuuuu

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