Hace treinta y un años vi por primera vez a Chick Corea en concierto, también en su modalidad acústica. En esa ocasión, hacía dúo con el prestigiado vibrafonista Gary Burton.
Mucha agua ha corrido bajo el puente desde esos días y el Chick que veo ahora me sorprende aunque de una manera distinta a la de entonces. Ya no es suficiente, para mi, la destreza con el instrumento como la capacidad que tiene de expresarse con fluidez en un amplio espectro sonoro y conceptual; desde esbozos free, percutiendo y rasgando las cuerdas del piano, obteniendo sonoridades poco acostumbradas en el mainstream, hasta desembocar decididamente al latin jazz, dándole cauce y rienda suelta a la complicidad cultural de los músicos que lo acompañan en esta gira.
Quedó muy en claro que la formación de trío en el jazz tiene un gran antecedente en Bill Evans. Las relaciones cruzadas y simbolismos acá son múltiples, así lo demuestra parte del repertorio escogido para la noche. Eddie Gómez, quién tocó el contrabajo con Evans desde finales de los sesenta hasta mediados de los setenta, fue el encargado de introducir una composición de este notable pianista registrada en los famosos discos en vivo en el Village Vanguard de NY, enfatizando que habían venido a tocar a Santiago a escasas dos semanas antes del golpe de estado fascista que derrocara al presidente Salvador Allende. Momento emotivo para la audiencia y también para Eddie, quién no visitaba nuestro país desde ese año marcado por el dolor.
A teatro lleno, en una fría noche santiaguina, el trío se desplazó con mucho desplante por diversas corrientes del jazz, rindiendo homenaje también a Miles Davis, que es otra de las relaciones cruzadas, por cuanto Corea y Evans compartieron épocas importantes de este icónico trompetista y compositor. La elección de la pieza no fue casual; contenida en el disco Kind of Blue, placa de referencia en nuestro cosmos jazzístico, en la que participa notablemente Evans.
Es sorprendente ver cómo un trío puede llegar a un universo musical tan vasto; equilibrio en su expresión mínima, nada falta, nada sobra, preciso, exacto. Chick no es primera vez que recurre a esta formación; tiene ya un largo recorrido explorando diversos canales de expresión, en distintas etapas de su carrera, pero que aún no agota las posibilidades de solo tres músicos dialogando en una geometría de sesenta grados.
Para mí, la revelación fue Eddie Gómez con su tremenda destreza, energía y musicalidad. Eddie toca fuerte y toca bien. Se aprecia carácter y sabiduría para administrarlo. Logra vertiginosas concatenaciones rítmicas con una digitación perfecta en volumen y tiempo. Lo mismo con el arco, que con los dedos, hace vibrar las cuatro cuerdas de su instrumento arrancándole la médula en una inextinguible inventiva musical. Claramente una pista difícil para el más joven de los tres, el baterista Antonio Sánchez, que cumple con honores el desafío.
Cada uno tuvo una buena parte del show para explayarse en sus habilidades como intérpretes, pero también como compositores. Es destacable que Corea da espacio a sus músicos para desenvolverse, como quién no debe demostrar ya nada a nadie. Permite al más joven presentar una pieza de su disco solista debut ‘Migration’ donde Corea colabora.
Sánchez es mi segunda revelación; una vez que se revisa la cantidad y calidad de músicos con los que ha colaborado a sus 39 años de vida, incluyendo a Gary Burton, de nuevo relación cruzada, Pat Metheny, Michael Brecker, Danilo Pérez, entre muchos otros y a nuestra Claudia Acuña, se constata en el escenario su solidez y que no gratuitamente comparte escena con Chick y Eddie.
Otro punto para comentar; conciertos que atraen masivamente a diversos tipos de cultores del jazz, con distintas profundidades, pueden tener abundancia de frases con mucho despliegue técnico con los que la gente se complace, estimula e interactúa; personalmente considero esos momentos menos relevantes que la capacidad de hilar los espacios de improvisación, el manejo fino de las atmósferas y dinámica, que hace notorio que se está ante músicos tremendamente experimentados y que la complacencia es el precio que debemos pagar para escuchar el destilado de su genialidad.
Alberto Duarte
Fui a ver a CHICK COREA y termine aplaudiendo a EDDY GOMEZ y a veces a ANTONIO SANCHEZ, muy bueno el final del concierto donde CHICK nos mantuvo cantando un bue n rato. Espero que vengan pronto otros “genios” para delitarme un rato
Saludos
@se
Hermanos chilenos:
Mi nombre es Daniel Ayala, y tengo 22 años. Partí un 27 de mayo con destino de Santiago desde Buenos Aires, para cumplir uno de mis mayores anhelos en la vida, conocer a mi músico favorito de todos los tiempos, un tal Armando Anthony Corea. De más está decir que fue una de las mejores experiencias, y sinceramente veo difícil que algo lo supere. No voy a entrar en detalles musicales, ya que en la nota se explica de manera brillante.
Un saludo cordial,
Daniel.