Llega a Chile la reedición de las memorias “La música es mi amante”, volumen dotado del infalible humor negro y de la sensibilidad muy poética del Duque.
IÑIGO DÍAZ
Era 1971 y esta pregunta que le hizo un periodista a su llegada a Bogotá hizo posible que Duke Ellington produjera una de sus más fascinantes últimas creaciones, una autoentrevista. “¿Qué opina de los Beatles?”. “¿Sabe una cosa? Yo no soy crítico de música”, le respondió el Duque.
Después de ese mal rato, el compositor norteamericano se decidió a poner en una conversación consigo mismo todo lo que hubiera querido decir durante años. Allí se desliza su pensamiento organizado, una sensibilidad muy poética, un infalible humor negro y hasta cierta mala leche.
Pero esa famosa autoentrevista es apenas un aperitivo del libro de memorias “La música es mi amante”, publicado en 1973, sólo un año antes de su muerte, y que hoy ha sido reeditado por Global Rhythm (Océano).
A lo largo de ocho “actos”, la buena memoria de Ellington desmenuza sus edades, sus relaciones, sus apuntes y viajes por el mundo, perfila a sus grandes solistas y reestructura a sus maravillosas big bands, desde la era del swing y el baile hasta las orquestas de concierto. Las memorias incluyen un índice cronológico de composiciones y concluye con aquella conversación frente al espejo.
Se dice que Ellington era enemigo de la literatura en primera persona, pero también se apunta que fue un cheque de varios ceros el que lo convenció de dejar sus memorias por escrito en 543 páginas. “Si antes había callado, aquí escribe por los codos”, refiere la contratapa.
Ellington, el hijo de un mayordomo de la Casa Blanca, está considerado como el más grande compositor del jazz de la historia y, dadas su influencia y permanencia, en algunos casos es igualado a nombres como Igor Stravinsky en la música moderna, claro que en otros campos. Si en los años 30 y 40 Ellington era mal mirado por la academia por su relación con la música liviana de las orquestas de baile, luego se repuso y se ganó el respeto cuando escribió obras como la “Latin American Suite” (1970), “The Afro-Eurasian Eclipse” (1971) o los históricos “Conciertos sacros” (1965), que fueron estrenados en catedrales con grandes orquestas clásicas y de jazz.
Ellington vivió 75 años y en todos ellos marcó el pulso de la composición, desde Johnny Hodges a John Coltrane. El público lo adoraba, los rivales lo admiraban y la crítica lo respetaba. Y las mujeres lo amaban. “Pero las queridas van y vienen. Sólo mi amante permanece”, escribe el autor en “La música es mi amante”.
parece que hay que tener este librito…..
habrá que aprovechar algún viajante desde españa (16 lucas vs. 29 lucas acá).
Excelente libro. Lo compré hace unos meses en Buenos Aires y lo sigo leyendo. Es caro, pero vale la pena; la edición es muy buena.
Slds!
Emiliano.