Chicago chico, Mapocho actual
Andrés Pérez Quinteto Taller Senaquerib, lunes 16 de noviembre Entrada liberada
Iñigo Díaz
Sonny Rollins es un saxofonista tenor de la historia universal y una de sus más grandes composiciones se titula “Airegin”, una palabra que no significa nada de nada, salvo que si se lee de manera invertida se convierte en “Nigeria”. Andrés Pérez es un saxofonista tenor de la historia reciente en el jazz chileno y como es un músico sumamente instruido cuando escribió “Atenalp” para su grupo Contracuarteto posiblemente ya había leído esta historia de juegos de palabras. “Atenalp” es su propia experiencia bop “a la Rollins” y si se invierte la lectura dará ahora con la palabra “Planeta”. Lo interesante es que esta pieza es tan demoledoramente sólida que Pérez volvió a tomarla ahora, considerando el sistema del quinteto, y no el cuarteto, como su nueva plataforma.
Está esa “Atenalp” que el saxofonista y compositor utilizó como cierre de una presentación memorable. Se trata de un repertorio programático completamente nuevo, basado en historias de la ciudad desde el punto de vista de ese escenario tan especial que Pérez escogió para tocar: el último piso de un edificio viejo de Avenida General Mackenna en el barrio Mapocho. En el taller de un artista plástico llamado Senaquerib, Pérez metió a presión a su actual quinteto a tocar: Cristián Gallardo (saxo alto y traversa), Mauricio Rodríguez (guitarra), Marcelo Córdova (contrabajo) y Carlos Cortés (batería). El lugar tiene una añosa azotea con estupendas vistas hacia la estación de trenes por un lado, el mercado por el otro y el boliche La Piojera justo abajo por el sur. Todas son imágenes del viejo barrio bohemio que alguna vez, en los años ‘30 y ‘40, se llamó Chicago Chico y que el autor chileno Armando Méndez Carrasco (1915-1983) describió con lujo de detalles en su libro con ese nombre donde narraba las aventuras de una serie de holgazanes nacionales en farra permanente.
Instalado allí, Andrés Pérez miró hacia todos esos lados y compuso la velozmente parkeriana “Imágenes” como un relato propio desde su posición en el tiempo. Pero incluso llegó a sumergirse en el swing de la época en su composición titulada “Bandera 1940″, donde en lugar del saxo tenor volumétrico toca el clarinete de un modo ligero en una postal melódica de la céntrica calle que desemboca junto a la estación. Andrés Pérez está proyectando su música en un sentido reconstructivo y de esta manera su primer disco fechado para comienzos de 2010 se llamará Santiago vivo. Está tocado con este mismo quinteto y con todo este repertorio, que suma y sigue a través de intervenciones que transitan desde un post-bop contundente a un sugerido free jazz: desde “Santiago 7 PM” a “Mapocho actual”. Y como “Airegin” de Sonny Rollins y su propia “Atenalp”, con ideas invertidas, también está la balada inspirada en una mujer llamada Paulina, que se titula “Aniluap”. Es el lenguaje personal, en sentido y en sonido, de uno de los nombres que van a marcar el jazz de esta década y la siguiente. Ya es hora de tomar nota.

