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John Abercrombie en Chile. Comentario: Enrique Hurtado. Fotos: Alberto Duarte

John Abercrombie en Chile.

24 de septiembre de 2009. Teatro Oriente, Providencia, Santiago de Chile.

Fotos de Alberto Duarte

Fotos de Alberto Duarte

La única certeza que tenía antes de asistir al concierto era que vería a un gran guitarrista eléctrico. De las producciones que se le conocen asociado al gélido sonido del sello germano ECM sólo podía imaginar guitarras etéreas y atmosféricas. Nada de estridencias. Por lo visto estaba equivocado porque al concluir el concierto mi impresión fue haber visto a un músico entrado en años dueño de una rica técnica y humilde como los grandes artistas.


El desafío estaba planteado. Un trío de jazz contemporáneo cuya formación no dejó de llamarme la atención porque la base rítmica que nos visitaba lo componían una batería y un órgano hammond.

Y más encima no había escuchado nada de esta formación anteriormente. Así de condicionado asistí al concierto, lleno de incertidumbre con la única certeza del crédito y larga producción del artista principal: John Abercrombie.

Abercrombie, sentado en un extremo del escenario, dirigía a su trío con solo su mirada. Su estilo tranquilo y sin aspavientos me fue cautivando desde el comienzo. Más aún cuando se le observa tocar calmo y concentrado; con su pulgar de una inquieta mano derecha y una izquierda que exploraba casi instintivamente el mango de su instrumento fue generando un cálido discurso sonoro que a ratos nos recordaban a estrellas del pasado en la guitarra pero su sonido reflejaba una modernidad provista de un par de efectos de piso, era como moverse entre un Charlie Chistian, Pat Metheny y un John Scofield, todos en uno al servicio de la genialidad de Abercrombie.

Al otro extremo estaba un organista joven apellidado Versace, quien hacía las veces de bajista y colchón armónico del trío. No sé aún si con su mano izquierda, ¿o sería con su inquieto pie izquierdo?, con lo que marcaba el pulso, de ninguna manera pulsante y claro este joven músico hizo hablar este mueble, cómo, ni idea, cuestión de técnica digo yo.

Al centro del escenario estaba quien para mi fue una grata sorpresa. Adam Nussbaum, reputado baterista, a quien veía por primera vez en directo. Un tipo calvo con pinta de boxeador retirado, montado en una pequeña batería “sonor”, pensé, cómo tocaría este gigantón en tan pequeño instrumento. Nussbaum nos condujo, tanto a la banda como al público a pasajes maravillosos de tensión, alcanzando la espectacularidad por su habilidad y destreza. Éste no es de aquellos baterías que sólo tocan con sus muñecas, medidos, dueños de su discurso académico, era una tromba sobre los parches y su ágil técnica de escobillas llamaban poderosamente la atención; era capaz de crear atmósferas cargadas de nicotinas de bar, a ratos, marcaba con su bombo, sus brazos volaban libres pero controlados sobre los platillos. A éste le bastaba mirar a ambos músicos que lo flanqueaban para dirigir y enfatizar pasajes musicales.

Además se atrevió a bromear con Abercrombie y agradeció en español, al término de su trabajo, a un público respetuoso que al final como suspendido en un profundo sueño agradeció con una ruidosa ovación la entrega y honestidad de los artistas sobre el escenario.

En suma, los prejuicios fueron derribados, la certeza se legitimó y el placer de haber presenciado a tres maestros del jazz de estos tiempos aún resuena en mis oídos.

Se agradece a la producción el buen sonido de sala y la gentileza con que atendieron a estos reseñadores y al público en general.

Fotos de Alberto Duarte:

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2 Comments

  1. Pablo
    September 27, 2009

    El concierto, en lo personal, tuvo gusto a poco. En rigor, no superó en duración la hora y media, laspo de tiempo a todas luces mezquino tratándose de la presentación-debut de un músico de tan dilatada y atractiva producción. La presencia del Hammond en la formación santiaguina, además, nos hizo avisorar con ansias un repaso intenso de Night del 84: al final Four on One, casi al último, fue lo único que se pudo escuchar de aquella mítica placa, sin Brecker esta vez, pero con un brillantísimo Versache en un despliegue insólito en el teclado y los pedales.

  2. Felipe Concha
    September 28, 2009

    La verdad es que este concierto fue un lujo. El sonido impecable, la producción muy pulcra e incluso en la puerta te recibían de muy buena forma el encargado de prensa y los guardias.
    Podrían haber dejado bajar al público de “galería”, aunque comprendí la explicación sobre la injusticia que sería para los que estaban abajo.
    Muy buen show!

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