Impresiones de Enrique Hurtado del concierto de Ornette Coleman
Queremos tanto a Ornette.
El sábado nueve de mayo quedará en la memoria de todos quienes asistimos al concierto de Coleman en nuestro país.
La audiencia compuesta de no más de tres mil personas, curiosas de ver y escuchar a la leyenda “creador del free jazz” como se le promovió. Algunos ávidos seguidores y otros curiosos se dieron cita en la fría noche en Santiago en el Teatro Caupolicán.
Al momento de la aparición el cuarteto se monta sobre el escenario,bastante austero, y un casi octogenario músico sube lentamente trajeado y de sombrero para dar inicio a un concierto que duró una hora y veinte minutos. Así se saldaba una espera de años de ver y escuchar al menos una de las pocas leyendas vivientes del jazz de todos los tiempos.
La banda de Coleman venía girando desde 2006 con este personal. Tanto así que estas nuevas creaciones fueron registradas en directo en un álbum llamado “Sound Grammar”, cuya producción incluía a dos contrabajos, un bajo eléctrico o piccolo guitar, batería y el saxo alto.
La formación que visitó nuestra capital fue: Denardo Coleman en batería. Al McDowell en bajo eléctrico, Tony Falanga en contrabajo y el líder Ornette Coleman en saxo alto, trompeta y violín.
Al poco andar el concierto podemos notar que Ornette es un músico que ejerce su liderazgo en forma bastante tangencial, quizás confiando en el talento o guardando el respeto de quienes lo acompañan. Pareciera que abordara al grupo siempre de costado, pocas veces está al centro de la propuesta musical, pues aquí el contrabajista Tony Falanga parece ejercer la conducción de las ejecuciones. Éste tiene una comunicación visual en todo momento con el baterista, asegurando así la eficacia de la base rítmica por sobre la cual Ornette despliega sus solos. Cabe señalar que McDowell sigue en todo momento a Ornette, ya sea creando un soporte armónico a través de acordes, a ratos su bajo sonaba tan metálico como una guitarra eléctrica, pero también contrapunteaba junto a Ornette, así ambos creaban una sonoridad muy particular. De esta manera, nos aventuramos a sugerir que la banda se movía en dos ejes de creación e interpretación, cuyo principal rol caía sobre los hombros de Falanga, la bisagra entre ambos ejes.
Llama la atención el a ratos pesado pulso de Denardo en una batería que ciertamente no era para jazz. Si bien conduce eficazmente con su plato “ride” inyectando fuerza y dinámica a la banda, en ocasiones sus intervenciones nos parecen algo erráticas. Cuestión que queda de manifiesto en la balada “ “ un blues donde Denardo tendía a crear un pulso más bien de balada de rock a los 4/4. Por cierto, es una apreciación muy subjetiva pero muy curiosa para un blues.
Lo más sorprendente fue notar que Coleman parecía tener su propio libreto musical, ensimismado sobre su sillín, muy concentrado escuchaba al resto de la banda o fijaba su vista en un atril, y la banda desarrollando su discurso. De momento ingresaba a este eje de conversación proponiendo sonoridades, en otras parecía tocar por sobre este discurso musical interpretado por el resto de la banda. En este “entrar- salir” de Ornette a la propuesta musical de su banda quedaba coordinada, como hemos dicho, a la pericia de Falanga.
Lo que sí podemos asegurar es que para dejarse llevar tan libremente en esta propuesta musical, el escucharse unos a otros, el reaccionar a las propuestas, la confianza y el respeto recíproco entre los miembros de la banda y al mismo tiempo al liderazgo ejercido por Coleman hacían posible este tan interesante y poco usual ejercicio musical. Finalmente la belleza es una cosa rara.
Tal vez esta propuesta musical resulte muy libre o caótico para muchos, para otros, sus seguidores, sin embargo, era motivo de admiración del artista por su frescura y novedad.
El concierto arrancó con “Tone Dialing” donde Ornette alternó su alto con la trompeta. Luego pasaron composiciones como “Jordan”, la balada “Sleep Talking” con un lamento en el contrabajo y un nostálgico saxo alto. Posteriormente “Call to Duty”, unos de los blues interpretados ( fueron tres) “Turnaround” que rememoraba al Ornette de finales de los sesenta, posteriormente el preludio de Bach, magistralmente interpretado con arco por Falanga. Aquí el resto de la banda parecía responder con total libertad la propuesta del genio alemán con lo que Ornette denominó harmolodic. Ya en el último tercio de la presentación, un momento de distensión con la movida y graciosa “The Good Life” de la época de Prime Time, y hacia el final una energizante interpretación de “Song X” donde Denardo condujo a la banda con fuerte pulso.
La banda abandona entre fervorosos aplausos de una audiencia entregada y generosa. Vuelven posteriormente para interpretar el encore de las giras: Mujer Solitaria, con un sonido frágil del solista y muy cercana en contención e intimidad a la toma original.
Nuestra gran duda era la sala y su acústica. Desde dónde se pudo escuchar el sonido estuvo bastante aceptable.
En una palabra fue una noche “mágica”.
Más allá de cualquier aprehensión con la música de Ornette, tenemos la certeza de haber presenciado a un hombre honesto, humilde, a una leyenda en vida.



