PuroJazz

“La primera vez que se emborrachó”

andrea2por Andrea Velasco A.

[actriz y cantante de blues]

Habrías visto la cara que puso cuando la chica, ¡si, esa flaca como un pájaro!, parece que después de haberse tomado sus copas, se subió al escenario y le quito de las manos el micrófono al flaco (que mal venía usando hace ya unas horas) y se puso a cantar sobre la melodía que llevaban los músicos con una potencia y un desplante apoteósico.

El tipo quedó perplejo, yo desde la mesa vecina lo miré de reojo para pronto volver a mirarla a ella como todos, sin poder despegar los ojos de esa chica que se hacía enorme y vibrante sobre el escenario. Los músicos se pusieron a improvisar con ella como si se conocieran de hace años, los mozos no se movían, se podía ver al dueño del bar parado delante de un poste mirando con la misma cara de impresión que todos, unos con caras de idiotas realmente atontados y otros que estábamos un poco más discretos.

Nadie tomó un trago más, ni ruido de vasos, ni dialogo existente. La chica jugaba con los tonos como si fueran burbujas en la garganta y el tipo paralizado con la cartera y pañuelo de ella aún en la mano no entendía nada. Lo mejor era la cara de enojado del reemplazado vocalista que apoyado en la barra miraba a la chica con una mezcla de odio y curiosidad.

Pues así terminaron luego de su buen rato de improvisación y entre los aplausos fervorosos que sonaban tan fuertes como para botar el bar, la chica abrió los ojos como despertando y vio la cara de su marido que se ponía de pie en la mesa sin decirle nada, ella caminó tímida, y él con un gesto de rabia contraída la tomó de un brazo, puso unos billetes sobre la mesa y la arrastró fuera del local. Se hizo un silencio, el dueño del bar dio una señal sacadora de apuro a los músico para que siguieran, estos no alcanzaron ni a tocar cinco segundos de la canción cuando se encontraban con el resto de nosotros, lo mirones, pegados al ventanal viendo que sucedería entre la chica y el furioso marido.

Pero no pasó nada, el tipo sin ni una palabra hizo subir a la mujer al auto que ahora tímida y cabizbaja, como arrepentida de sus actos, parecía aún más un pajarito. Todos desilusionados por que no había ocurrido un escándalo nos íbamos a dirigir de vuelta a nuestras mesas cuando para sorpresa de todos, justo en el momento en que arrancaba el auto vimos como la chica nos sonreía y saludaba con la mano como toda una diva. Así el auto dio vuelta a toda velocidad en la esquina y se perdió de vista. Todos volvimos a nuestras mesas pensando tal vez qué cosa le habría dicho el tipo luego del saludo final.

La música siguió pero ya nadie concentrado en nada, sonaban los vasos, las conversaciones se enredaban entre el humo y la banda trataba de retomar el ritmo sin el vocalista que sentado en el bar se había escusado de seguir cantando. El flaco como todos se quedó pensando, si todos lo pensamos:

“La chica era una artista, se despidió de su audiencia como pudo y… …. seguro que revive su noche de gloria cada mañana mientras canta en la ducha despacito para no despertarlo a él”


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